Fecha: 9 diciembre, 2025 Tipo de cambio : s/ 3.363

Simplificar para crecer: lo que el Perú debe aprender del modelo tributario de Estonia

El modelo de impuesto único implementado por Estonia desde 1994 impulsó su crecimiento económico y simplificó el pago de tributos. ¿Podría el Perú seguir este camino para combatir la informalidad?
Redacción Vigilante Publicado 3:59 pm, 11 noviembre, 2025

En Perú, la informalidad laboral y empresarial supera el 70%, una cifra que limita la recaudación fiscal y reduce los recursos disponibles para servicios públicos esenciales. Detrás de este problema está un sistema tributario complejo y poco accesible, que desincentiva a miles de emprendedores a formalizarse. Frente a ello, la experiencia de Estonia ofrece una lección valiosa: un sistema más simple puede ser la clave para promover la formalización y el crecimiento económico de un país.

El flat tax, un modelo simple

Desde 1994, Estonia aplica un impuesto de tasa única (flat tax) del 20% para todos los ingresos, tanto de personas naturales como de empresas. Este modelo eliminó las múltiples escalas progresivas y redujo significativamente la burocracia, permitiendo que los contribuyentes declaren sus impuestos en minutos y sin necesidad de asesoría especializada. El resultado: el país duplicó su renta per cápita, superando los 31,200 dólares internacionales, y se consolidó como uno de los sistemas tributarios más eficientes de Europa.

Tres enseñanzas clave del modelo estonio:

  1. Simplicidad tributaria: Un solo tipo impositivo puede reducir costos de cumplimiento y barreras para formalizarse.
  2. Ampliación de la base de contribuyentes: Con menores obstáculos de entrada, más personas y empresas podrían sumarse al sistema formal.
  3. Confianza y equidad fiscal: Una tasa clara para todos puede fortalecer la percepción de justicia.

Para Perú, donde la carga administrativa y la falta de incentivos dificultan la formalización, un modelo inspirado en el flat tax, bajo reglas claras y sencillas, reduce la evasión y fortalece la confianza en el Estado.

No se trata de copiar el modelo estonio, sino de adaptar sus principios: menos trabas, tasas claras y un sistema pensado para quienes hoy están fuera de la formalidad. En un país donde la complejidad tributaria frena el desarrollo, la lección es directa: simplificar es crecer.

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