Simplificar para crecer: lo que el Perú debe aprender del modelo tributario de Estonia
En Perú, la informalidad laboral y empresarial supera el 70%, una cifra que limita la recaudación fiscal y reduce los recursos disponibles para servicios públicos esenciales. Detrás de este problema está un sistema tributario complejo y poco accesible, que desincentiva a miles de emprendedores a formalizarse. Frente a ello, la experiencia de Estonia ofrece una lección valiosa: un sistema más simple puede ser la clave para promover la formalización y el crecimiento económico de un país.
El flat tax, un modelo simple
Desde 1994, Estonia aplica un impuesto de tasa única (flat tax) del 20% para todos los ingresos, tanto de personas naturales como de empresas. Este modelo eliminó las múltiples escalas progresivas y redujo significativamente la burocracia, permitiendo que los contribuyentes declaren sus impuestos en minutos y sin necesidad de asesoría especializada. El resultado: el país duplicó su renta per cápita, superando los 31,200 dólares internacionales, y se consolidó como uno de los sistemas tributarios más eficientes de Europa.
Tres enseñanzas clave del modelo estonio:
- Simplicidad tributaria: Un solo tipo impositivo puede reducir costos de cumplimiento y barreras para formalizarse.
- Ampliación de la base de contribuyentes: Con menores obstáculos de entrada, más personas y empresas podrían sumarse al sistema formal.
- Confianza y equidad fiscal: Una tasa clara para todos puede fortalecer la percepción de justicia.
Para Perú, donde la carga administrativa y la falta de incentivos dificultan la formalización, un modelo inspirado en el flat tax, bajo reglas claras y sencillas, reduce la evasión y fortalece la confianza en el Estado.
No se trata de copiar el modelo estonio, sino de adaptar sus principios: menos trabas, tasas claras y un sistema pensado para quienes hoy están fuera de la formalidad. En un país donde la complejidad tributaria frena el desarrollo, la lección es directa: simplificar es crecer.