¿El fin de la luna de miel con Keiko?
En las últimas semanas han aparecido titulares que hablan de un desplome en la popularidad de la presidenta Keiko Fujimori. Uno de ellos se basa en la medición de AtlasIntel, publicada por Bloomberg, que registra una caída de casi 16 puntos porcentuales entre septiembre y octubre: de 44% a 28,3%. Sin embargo, las demás encuestas del mismo período muestran resultados bastante distintos.
Ipsos pasa de 42% a 40%, apenas dos puntos menos. CB Global Data registra una caída de 52,4% a 46,3%, mientras que CIT pasa de 40,8% a 35,6%. Todas muestran una tendencia descendente, pero ninguna encuentra el desplome que presenta AtlasIntel. Estas tres mediciones registran caídas de entre dos y seis puntos porcentuales.
Las encuestas digitales también presentan diferencias importantes. Las mediciones de AtlasIntel y CB Global Data registran una distancia de 18 puntos en octubre: 28,3% frente a 46,3%. Se trata de dos mediciones sobre la aprobación de una misma presidenta que ofrecen resultados bastante distintos. Esto no significa que las encuestas digitales sean necesariamente menos confiables, pero sí plantea la necesidad de revisar cómo se seleccionan los participantes, cómo se ponderan las respuestas y qué tan representativas son las muestras.
Más allá de estas diferencias, las cuatro mediciones de octubre coinciden en que la desaprobación supera a la aprobación. Aunque la magnitud de la caída varía entre encuestadoras, todas registran una disminución del respaldo a Keiko Fujimori.
A casi 100 días de gobierno, la evolución de la aprobación presidencial coincide con una etapa en la que las expectativas generadas por su llegada al poder comienzan a contrastarse con los resultados de gestión. La ejecución de obras, la seguridad y la prestación de servicios públicos forman parte de los aspectos que permiten evaluar el desempeño del Ejecutivo.
Desde la perspectiva del contribuyente, esta evaluación también comprende el uso de los recursos públicos, la eficiencia del gasto y los resultados obtenidos con los impuestos que recauda el Estado. A ello se suma la necesidad de revisar las cargas burocráticas y tributarias que enfrentan ciudadanos y empresas.
Cada sol que administra el gobierno proviene de los recursos aportados por los peruanos. En ese contexto, la SUNAT y el MEF tienen un papel importante tanto en la recaudación como en la administración de la política fiscal. La discusión no se limita a cuánto recauda el Estado, sino también a cómo utiliza esos recursos y qué servicios reciben los contribuyentes.
Keiko Fujimori todavía tiene tiempo para impulsar reformas durante su gestión. Entre los temas pendientes se encuentran la reducción de la burocracia, la revisión del crecimiento de la planilla estatal y los mecanismos de fiscalización tributaria. Mientras tanto, las próximas encuestas permitirán determinar si la caída de su aprobación se mantiene o responde a una variación de los primeros meses de gobierno.