Fecha: 8 octubre, 2026 Tipo de cambio : s/ 3.446

Lo que Bruce Lee le enseña a Keiko, por José Ignacio Beteta

"Cuando Fujimori use su fuerza con sentido, con claridad y ejecutando las reformas que realmente necesita el país, su tono de voz y su discurso fuerte darán frutos. Mientras no lo haga, corre el riesgo de convertirse en uno de esos políticos pandilleros que en nuestro país sobran".
Redacción Vigilante Publicado 9:20 am, 7 octubre, 2026

Bruce Lee, para algunos jóvenes un personaje intrascendente, fue un tipo realmente especial. Búsquenlo. Su extrema fortaleza venía acompañada de una claridad admirable. Con estas dos cualidades, las hazañas físicas que lograba eran increíbles. Podía destruir un ladrillo de un golpe con un par de centímetros de impulso o reducir a cuatro o cinco contrincantes con un esfuerzo casi imperceptible.

Era ejemplo de una energía perfectamente encaminada. Lo contrario de esta estrella del cine y de las artes marciales serían los pandilleros del barrio, los actores de lucha libre y los matoncitos del pueblo que gritan, se tuercen, se caen, golpean al aire y terminan empolvados sin pena ni gloria.

En la política peruana de estos últimos nos sobran. Y ya estamos cansados de verlos por ahí. Los políticos gritones que ajustan la cara para asustar solo demuestran falta de contenido y escasez de fortaleza. Porque la fortaleza no está en el grito. Está en liderar, decidir y responder a una escala de valores noble y altruista.

Así, es sumamente positivo que Keiko Fujimori empiece a mostrar fuerza en su tono de voz. Es esperanzador que abandone esa especie de tibieza que la caracterizó en los últimos meses. La fuerza, eficiente y bien dirigida, es urgente en nuestro debate político. Nos hemos dejado avasallar por esta casta progresista, alzada y engreída, que se siente capaz de acallar a quien habla claro y dice la verdad, aunque sea políticamente incorrecto decirla.
Pero de nada sirve el tono si no tiene un norte claro. De nada sirve si sus “golpes” no se dirigen al objetivo correcto. Y el objetivo claro no lo vemos. Para nada. Pelearse con la Cámara de Diputados es fácil. Pelearse contra el Poder Legislativo es fácil.

¿Por qué no se pelea contra la excesiva planilla estatal que consume dinero y no sirve para nada? ¿Por qué no se pelea contra la persecución tributaria que ahoga al contribuyente formal? ¿Por qué no lucha contra la burocracia y reduce la cantidad de ministerios que tenemos? ¿Por qué no le pone el pare al Ministerio de Economía y Finanzas que más parece una agencia subordinada a la SUNAT? ¿Por qué no reduce impuestos? ¿Por qué no pelea contra empresas mercantilistas que quieren firmar adendas millonarias para llevarse nuestro dinero (y nuestro gas natural)? ¿Por qué no combate el crimen anulando las comunicaciones desde los penales? ¿Por qué no expulsa a los inmigrantes ilegales indocumentados? ¿Por qué no persigue a sicarios y extorsionadores y les hace pagar el justo precio por las vidas que extinguen todos los días?

Cuando Fujimori use su fuerza con sentido, con claridad y ejecutando las reformas que realmente necesita el país, su tono de voz y su discurso fuerte darán frutos. Mientras no lo haga, corre el riesgo de convertirse en uno de esos políticos pandilleros que en nuestro país sobran. Y ella no se merece eso. Ya alzo la voz, le toca hacer lo correcto.

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