Que venga el machete peruano, por José Ignacio Beteta
Todo gobierno necesita un solo norte, no dos, no tres, no cuatro. No importa si los temas que va a enfrentar son dos, tres o cuatro. El norte siempre es uno. Y el norte de esta nueva gestión presidencial aún no está claro. Y el tiempo es corto.
¿Notan ustedes claridad y valentía en ministros o voceros del gobierno para denunciar la urgente necesidad de reformar radicalmente el Estado? Aún no. Algunos lo hacen tímidamente. Otros se contienen. No quieren decir que el Estado peruano es una lágrima. No quieren enfrentar aún a sus sindicatos, funcionarios enquistados y mafias de corrupción. No quieren evidenciar la precariedad de la gestión de gobiernos regionales y locales. En resumen, tienen miedo de aplicar el “machete peruano” (en evidente analogía con la motosierra argentina). Y este es el camino que hará la diferencia después de años de mediocridad: sacar el machete de Cipriano y afinar la lampa de José.
El ex ministro David Tuesta lo ha dicho clarísimo, y me permito citarlo extensivamente, abordando el grave problema del crecimiento descontrolado de gasto corriente, planillas y consultorías en nuestro aparato estatal: “El Estado peruano cuesta cada vez más, pero eso no significa que funcione mejor. El gasto en planilla creció 41%, incluso por encima del gasto público total (39%). En el periodo 2021 -2026, incluyendo el gasto en consultorías y locación de servicios, el aumento llega a casi 50%. Solamente el gasto de consultoría y locación de servicios aumenta en casi 100%… El problema no es cuánto cuesta el Estado, sino qué recibimos a cambio.”
Lo esperanzador es que Keiko Fujimori le dedicó buen tiempo a este asunto en su mensaje presidencial. Lo tiene claro. Sin la reforma radical del Estado no habrá salud de calidad, no habrá seguridad en las calles, no mejoraremos nuestra infraestructura, no habrá una mejor educación para nuestros niños. Si no se aplica un machete que pode, limpie y perfile las instituciones públicas para que sirvan al ciudadano en vez de servirse a sí mismas, ningún tema sectorial tendrá futuro.
Quizás sus ministros lo saben pero necesitan apoyo. Necesitan convencer a la ciudadanía de que este es el norte, para que ésta los apoye cuando quieran sacar el machete. Si el gobierno tiene a la ciudadanía de su parte a través de una inteligente comunicación sobre los problemas del Estado, ella lo respaldará cuando quiera podar el árbol o tumbarlo si es necesario.
El punto es que la luna de miel se acaba. La rapidez inicial da paso a la rutina, a la complicidad, a la mediocridad, y a dejar todo como está, y el Perú no se puede permitir esto. No aguantamos cinco años más con un Estado que mantiene burócratas que no generan valor. No aguantamos cinco años más con un Estado grasoso y corrupto. Y daría igual si aguantamos. No es ético. No es justo. No es lo correcto.