El lunes todo seguirá igual, por José Ignacio Beteta

"Al final, los peruanos volveremos a demostrar que este país avanza a pesar de su Estado y no gracias a él. Quizá esa sea nuestra mayor paradoja y también nuestra mayor fortaleza".
Redacción Vigilante Publicado 3:52 pm, 6 junio, 2026

El domingo los peruanos iremos a votar convencidos de que estamos decidiendo el futuro del país. El lunes descubriremos una verdad bastante menos emocionante: gane quien gane, todo seguirá igual.

El pequeño empresario abrirá su negocio. El comerciante levantará la cortina. El agricultor volverá al campo. El profesional independiente emitirá su recibo. Y todos ellos tendrán que enfrentarse al mismo Estado de siempre. Uno fuerte para fiscalizar al que cumple y débil para incorporar al que está fuera del sistema.

Mientras millones de peruanos siguen en la informalidad, la obsesión del Estado continúa siendo el contribuyente formal. En lugar de construir reglas simples para ampliar la base tributaria, preferimos perseguir a los mismos de siempre. La consecuencia es conocida: la formalidad se convierte en una carrera de obstáculos y el 93% de las micro y pequeñas empresas permanece atrapado en la informalidad.

Ser formal en el Perú sigue siendo un mal negocio. Trámites lentos, costos elevados y una fiscalización desigual forman parte del paisaje. Más de 140 días al año se van en obligaciones administrativas. Es un sistema que parece diseñado para castigar al que produce, no para premiarlo.

Y, mientras tanto, el propio Estado hace exactamente lo contrario de lo que exige. Cada año aumenta el gasto en planillas y burocracia. Cada año se destinan millones de dólares a rescatar a PetroPerú. Pero los servicios públicos siguen igual: hospitales sin medicinas, colegios sin agua, comisarías sin recursos.

El problema del Perú no es solo cuánto gasta el Estado. Es cómo gasta. Y esa también sigue siendo la gran discusión ausente.

El lunes 8, gane quien gane, los peruanos haremos lo que hemos hecho durante décadas: trabajar, emprender y producir. Al final, los peruanos volveremos a demostrar que este país avanza a pesar de su Estado y no gracias a él. Quizá esa sea nuestra mayor paradoja y también nuestra mayor fortaleza.

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