¿Contribuyente amigo o enemigo?, por José Ignacio Beteta
Cuando Javier Milei implementó las reformas radicales que ya conocemos, no tenía mayoría en ninguna de las dos cámaras legislativas argentinas. Cierto es que “demoró” un par de años en cuajar. Y cierto es, por lo tanto, que sus medidas en contra de la burocracia se dieron paulatinamente. Sin embargo, varias las ejecutó sin mayoría, con una oposición mas fuerte que él.
¿Cómo logró reformar desde la minoría? Tenía al argentino de su lado. Milei había entablado una relación directa con el contribuyente y éste lo bancaba cuando detenía a los huelguistas, cuando criticaba a los populistas, cuando eliminaba salarios y planillas innecesarios en el Estado, y cuando denunciaba las incoherencias de sindicalistas y legisladores kirchneristas enquistados en el poder.
¿Y cómo logró tenerlo de su lado? No solo hablando su idioma, comunicando constantemente, sino empezando por donde debía empezar: “vamos a dejar la plata en tu bolsillo y vamos a quitársela al burócrata”; “vamos a hacer que el Estado funcione bien y vamos a reducir tus cargas tributarias y burocráticas”; “vamos a desregular y agilizar los trámites para que puedas ganar mas guita” y “vamos a reducir las planillas del Estado para no tener que sacarte mas dinero”. Así logró tener al ciudadano de su parte y empujar reformas incómodas.
Bueno, aquí está ocurriendo lo contrario. El ministro de economía y finanzas acaba de amenazar al contribuyente “con todo el peso de la ley” y con la manida frase “el Perú te necesita”. Ha enfatizado que fortalecerá la recaudación y luchará frontalmente contra la evasión. Inclusive ha dicho que creará una comisión presidencial sobre este asunto (más burócratas para resolver un problema burocrático) con lo cual no solo nos mete miedo, sino que pone al Estado por delante.
Es harto conocido que el contribuyente peruano, indepediente o dependiente, pequeño o mediano, formal o informal, lidia con un clima de negocios complicado, inestable, difícil, en el que eludir impuestos o escaparse del sistema es una necesidad antes que un delito. No recibe nada a cambio. No tiene por qué pagarle a un Estado que no hace nada por él. Y Cuba lo sabe. Él ha estudiado el tema.
Y por si fuera poco, el hecho de que la izquierda domine la “cámara baja” pinta peor el futuro del contribuyente, porque podríamos tener un escenario más absurdo. Uno en el que este gobierno supuestamente “pro emprendedor” no haga ninguna reforma interesante y termine pasando leyes “anti emprendedor” aliándose con congresistas de izquierda que quieren engordar al Estado o al menos mantenerlo igual, subir el sueldo mínimo como si de algo sirviera, y que están felices cuando se persigue al contribuyente con la SUNAT o la SUNAFIL.
Personalmente, espero que esto sea un problema de comunicación y que el gobierno tenga las cosas claras. Espero que esto se explique porque tenemos un ministro que viene de un espacio tecnocrático privado y de consultoría en el que se rodea de empresarios, gremios y grupos económicos que no le tienen miedo a los impuestos ni al Estado. Es evidente que a esta “tribu” hasta le suena bien que el ministro luche contra la evasión. A ese nivel de desconexión con la realidad puede llegar, pero esto no es lo que necesita el 90% de peruanos.
Los peruanos necesitamos una reforma del Estado tan radical como la argentina y que la estrategia de comunicación del gobierno camine en esa línea, como bien lo aplicó individualmente el ministro de salud señalando la situación precaria de los archivos hongueados y viejos de su ministerio.
Todos nuestros ministros deben enfatizar la necesidad de una reforma radical del Estado y afirmar todos los días que el contribuyente es primero. No hacer un llamado a la persecución justiciera del ciudadano que para colmo no recibe nada de la burocracia, no vive en San Isidro y tiene que navegar en un país inseguro lleno extorsionadores y sicarios.
¿Entenderá el mensaje Keiko o seguirá asemejando su gobierno al de PPK 2016 con tecnócratas limeños, banqueros, consultores, dirigiendo el país como si hubiésemos retrocedido 11 años en el tiempo? De esto dependerá que en estos cinco años ocurra algo distinto, algo realmente diferente.