Lo que parecía terrible y devastador para el régimen el sábado en la tarde parece no serlo tanto el domingo por la noche.

Una interesante estrategia de defensa en medios ha logrado relativizar, según el público de Twitter que define todo en este país, que ya no hay delito, que no hay incapacidad moral, que sigamos como siempre.

¿Hemos llegado al cinismo como país? Un presidente ha sido señalado como cabeza de una mafia que traficaba con obras públicas; no debería ser tan fácil acusarlo. Y si el río suena es porque piedras trae. Los hechos son muy fáciles de verificar. La pregunta del millón es ¿Cuál es el estándar que debemos mirar para una evaluación sensata y responsable? Un estándar judicial corresponde a lo que pasará en una sentencia y eso sí lo verán los tribunales. Me preocupa la moral de este país en donde la sola acusación no debería de presentarte, siquiera. Ello, claro está, sin perder de vista que quien acusa y señala es parte (o al menos beneficiaria) de la mafia en cuestión.

¿Será coincidencia que el Presidente haya validado el nombramiento de los funcionarios que han ejecutado los arreglos al interior del MTC incluido su propio Ministro? ¿será el Presidente un autor mediato? Entre los treinta millones de abogados, fiscales y jueces que ahora existen en el país (porque dentro de todo, todos tenemos un abogado escondido en nuestro ser) vendrá la discusión probatoria, discusión ignorante en muchos casos. Nuevamente ¿se trata esto de un gran juicio legal o uno moral? Hasta en eso la confusión nos gana para marearnos en el primero cuando lo necesario es lo segundo. Un Presidente de la República no debería de tener mácula en su conducta.

Es cínico también el tráfico de documentos importantes desde el sistema de justicia que se ha convertido en un mercado persa; mejor dicho, se ha revelado como tal. Todo se compra, todo se vende.

Es por demás cínico que en la misma noche del domingo un ex Presidente anuncie que quiere candidatear. Un ex Presidente acusado de haber recibido coimas en su propio despacho regional. Y el cinismo puede llegar a ser tan cómplice que no tengo dudas que ese mismo señor pelearía los primeros puestos en una eventual elección.

Cinismo de congresistas que resultan ser los jueces de todo esto. En los 87 votos necesarios cuando menos habrá la mitad altamente cuestionados. Si tienes 86 votos eres moralmente aceptable, uno más te inclina la balanza del reproche. Un voto define la moralidad en el país.

El bien y el mal siempre han sido relativos. Quien diga que es de uno u otro bando en estas categorías miente porque todo depende del contexto y la situación. De lo que no tengo dudas, y es cierto, es que hemos relejado, cuando menos, nuestro estándar y requerimiento de calidad. De manera cínica, sostenida y permanente.

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