Análisis del sector energético: el petróleo peruano es castigado por Petroperú
El petróleo que producen las empresas privadas en Talara (el petróleo más cercano a la única refinería que lo procesa) recibe el peor precio del mercado, según diversos especialistas del sector. Petroperú es el único comprador posible que tienen, y un comprador único puede fijar el precio que quiera. En Economía, a esto se le conoce como “Monopsonio”. Esto es, como un “monopolio” pero desde el lado de la compra. En vez de un solo vendedor que impone precios a muchos compradores, hay un solo comprador que impone precios a muchos vendedores.
En Talara, una decena de empresas privadas produce crudo que solo puede venderse a Petroperú, porque no existe otra forma económicamente viable de sacarlo de la zona. Y esa dependencia no debería ser usada para manipular precios.
El descuento que hace Petroperú tiene dos partes. La primera es visible: el precio que se paga por el barril está por debajo del valor internacional, con el argumento de que el crudo local no tiene gastos de transporte. La segunda parte es menos visible pero más cara: Petroperú tarda en promedio cien días en pagar. Ese retraso obliga a los productores a financiarse mientras esperan su dinero, un costo que se suma al descuento del precio. ¿Alguna sorpresa en esta historia? No. Lo mismo de siempre.
Sumadas ambas partes, el castigo real llega a siete u ocho dólares por barril. Casi el 10% del precio total. Sobre casi diecinueve mil barriles diarios que las empresas del noroeste están obligadas a venderle a la petrolera estatal, hablamos de más de 148 millones de soles al año que pasan de los productores de Talara al balance de Petroperú, injustamente, para ser desperdiciados, además.
Según Luis Fernández, director de Gas Energy Latin America en Perú, “para PETROPERU, siempre importar crudo resultará más caro que comprar a los productores locales, por eso su estrategia de compra debería estar enfocada en estimular que haya mayor producción en Talara para reducir sus importaciones y favorecer a la población y a la industria peruanas”.
Ese dinero no desaparece del país, pero sí desaparece de la región. Porque esta distorsión afecta también el canon petrolero que reciben Piura y Tumbes. Ese canon que debería servir para obras y proyectos de desarrollo social. El canon se calcula sobre el valor de la producción, así que un precio artificialmente bajo reduce también lo que reciben los gobiernos locales en casi 20 millones de soles al año. Pierden las empresas. Pierde el pueblo. Gana una empresa quebrada e ineficiente.
Según Fernández, Talara es un yacimiento de más de cien años, que ya no crece con grandes proyectos sino con decisiones pequeñas y constantes: reparar un pozo, perforar uno nuevo, mantener abierto uno que apenas es rentable. Cuando el margen que le queda al productor se reduce por culpa del precio impuesto, esas decisiones dejan de tomarse. La producción nacional ya cayó 23% en el último año, y varios lotes del noroeste no registran producción. Estamos perdiendo inversiones. Talara tiene reservas. Pero el problema, para variar, es Petroperú.
La estatal anunció que dejará de pagar de más a los intermediarios que le vendían crudo importado. Es una buena noticia, pero corrige solo la mitad del problema: también debe dejar de pagar de menos y tarde a los productores locales. ¿Por qué siempre pierde el contribuyente y gana la burocracia? Esperemos que la solución llegue rápido y sea para siempre.
El director de Gas Energy Latin America culmina, “Talara tiene reservas; y está en manos de Petroperú generar los incentivos para convertirlas en producción, inversión y canon, o seguir usando su poder de compra para desalentar la producción y dejar los recurso bajo tierra”.