Los lobos que habitan la casa, por José Ignacio Beteta
En vez de buscar hacer las cosas bien, enmendar el camino, solucionar realmente un problema o enfrentar honestamente alguna crisis reputacional, muchas veces empresas y entidades públicas buscan distraer, tapar sus errores o escapar de la crítica. En vez de buscar cambiar y mejorar, contratan lobistas y consultores para lavar trapos sucios, enterrar muertos y fondear noticias de modo que puedan mantenerse en el poder o en el mercado.
Esto evidentemente es inmoral. Cubrir una mentira o un delito, activar políticas mercantilistas, distorsionar las reglas de juego, competir deslealmente, o esconder actos que pueden haber afectado a muchos o pocos, por donde los miren, son actos inmorales que afectan el tejido social, la confianza, la salud de una sociedad, la paz y la prosperidad.
Y para hacer estas “tareas sucias”, empresas y entidades están ya acostumbradas a contratar lobos inescrupulosos, de esos que son capaces de hacer cualquier cosa para ganar dinero. Son lobos aceptados en casa. Caminan por la sala. Andan por la cocina. Son parte del hogar. Un hogar podrido, por supuesto, pero hogar al fin y al cabo.
Estos consultores tienen nombre propio, sus agencias tienen nombre propio. Es más, son conocidos, contratados, bien remunerados, aceptados y hasta valorados. Son útiles. Pero son lobistas de poca monta. Conspiradores de baja categoría. Pueden andar en terno. Pueden sonreir. Pueden hasta aparecer en la televisión con sus amigos. Pero no dejan de ser una pequeña y vil jauría de lobos sin ética ni principios.
Estos personajes siempre han existido. Pero en un país como el nuestro en el que la inestabilidad es lo único estable, la agresión y la difamación son el pan de cada día, y tanto empresas como entidades públicas quieren hacer lo mínimo por el país y seguir navegando en el poder y el dinero de manera corrupta o privilegiada, estos lobos se vuelven más demandados, se multiplican, y por lo tanto, muestran los dientes a quienes supuestamente los amenazan, agudizan el olfato y saliban por contratos u oportunidades para seguir precarizando la política. ¿Cómo te deshaces de estos mamífero tóxicos y destructivos?
No es fácil. Son parte de una cultura política mediocre, baja, inmadura y, repito, inmoral. Si existen es porque existen empresarios y políticos iguales o parecidos. Si sobreviven y les va bien, es porque su entorno se siente cómodo con su inmoralidad. Y en un país asi no se puede cambiar, no se puede reformar, no se puede hacer algo radical por el Bien Común, no se puede soñar. Acaba de aparecer uno cerca, lo acabo de identificar, y por eso escribo estas líneas, para que sepan ellos y sus contratantes que no son anónimos, no son invisibles, y sabemos lo que están haciendo y lo que están buscando.
Pero como dicen las sabias y antiguas Escrituras, no me toca darles atención, “porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz.” Así que advertidos están. Una vide de mentiras y malas acciones no solo se paga aqui de a pocos, se paga más allá. Deberían pensar en el largo plazo, no en lo inmediato. Pueden tener poder y ganar dinero, pero están sembrando pura oscuridad.