Estamos juntos en esto…, por José Ignacio Beteta
Para quien está involucrado en Política con P mayúscula; esto es, en el debate en redes sociales, prensa, eventos o acciones para influir en el desempeño del Estado, no es extraño recibir de cuando en vez un golpe, alto o bajo, suave o duro, corto o duradero. Esto es así. Sin embargo, tenemos que entender algunos principios de este debate, que a veces parece más una pelea de UFC.
El primer principio: quienes participamos del debate público tenemos todo el derecho a cuestionar a autoridades y entidades públicas, siempre, bajo cualquier supuesto, con respeto, pero sin miedo, porque las autoridades públicas se deben a los contribuyentes, les sirven. Este principio fundamental debería hacer que los funcionarios que se puedan sentir agraviados no lo tomen de forma personal, sino comprendan que es SU DEBER cambiar y mejorar gracias a esas críticas y cuestionamientos.
Segundo principio: estamos juntos en esto. Si el funcionario o la entidad pública quiere cambiar -algo que debería querer, esto no es opcional- tiene, por el contrario, que buscar dialogar con las instituciones o líderes que lo cuestionan, acercarse a ellos, tender puentes, y luego tomar lo que sirve para mejorar. Esto es lo que tocaría en cualquier contexto empresarial, familiar o personal. Cometes un error. Tus amigos te ayudan. Te aconsejan. Tomas el consejo. Cambias. En Política, más alla del ego y la vanidad, la lógica debería ser así de saludable.
Tercer principio: lo que debe primar es el interés público, no el interés mercantilista. Lo que sí pueden y deben cuestionar entidades y funcionarios del Estado es que el lobby sea manejado por empresas, grupos económicos o gremios que quieren defender intereses poco transparentes, beneficios o privilegios de algunos pocos empresarios. Esto no es correcto, y en ese sentido, por lo menos desde la Asociación de Contribuyentes, todas las batallas que emprendemos tienen como fin defender el derecho de los contribuyentes a recibir servicios de calidad por sus impuestos, vigilamos el correcto de uso de nuestro dinero (el Estado NO tiene ni genera riqueza, la gasta) y promovemos un clima libre para generar prosperidad y paz. Nunca defendemos intereses particulares.
Cuarto y último principio: no vale picarse. Se puede usar la ironía, la creatividad, la broma, o incluso la aspereza en los argumentos y en la comunicación, pero nunca se dañan honras, nunca se difama, nunca se miente, nunca se usa una plataforma de comunicación, una pluma, o un micrófono como medio de violencia o venganza. Y esto no es válido para nadie, sea del sector público, del privado, de la derecha o la izquierda.
Con estos principios claros, la relación entre Estado, Empresa, Prensa y Sociedad Civil debería ser saludable. No digo perfecta, no digo estable. Será imperfecta, será inestable, y tendrá momentos de paz y de contradicción, pero será respetuosa. Que el Estado mejore. Esa es la clave. Ponganse las pilas.
*Publicado en Expreso