Señales peor que confusas, por José Ignacio Beteta
La mayoría de peruanos decidió darle el poder democráticamente a Keiko Fujimori. Quizás una parte de la población lo hizo para no arriesgarse a votar por Roberto Sánchez, pero la mayoría de esa mayoría, no. Votó por Keiko porque el péndulo nos llama a virar hacia el libre mecardo, la institucionalidad, el orden, el estado de derecho, la desregulación y eliminación de burocracia y la reducción del tamaño del Estado.
Ningún elemento de esta lista viene de la ideología o el capricho. Todos estos objetivos son urgentes después de quince años de mediocridad, desaceleración, desorden, inseguridad, impredictibilidad, caos, corrupción y estancamiento. Por lo tanto, Keiko fue elegida con una misión que tiene un norte y un conjunto de valores muy claros, que ella mismo defendió en foros y fotos junto a Javier Milei, por ejemplo.
¿Están Keiko y su equipo respondiendo a este llamado y a ese compromiso? No. Lo cierto es que no. Y no caben excusas como “déjenla afianzarse en el poder”, “poco a poco”, “no puedes exigirle que resuelva todo en dos meses con el desastre que encontró”. No, no caben estas excusas y les explico por qué.
Estas excusas serían válidas si su mensaje fuera claro y contundente en ciertos temas que son clave, pero no tenemos mas que silencio o incluso malas señales. Por ejemplo: sus propios asesores se quieren tumbar la ley de promoción agraria, una ley que ha generado más empleo formal, más trabajo para las mujeres, más recaudación y más pequeñas empresas dedicadas a la agroexportación.
Sus propios comisionados y funcionarios en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) tienen una amplia historia pro recaudación, invasiva, totalmente enfocada en fortalecer la SUNAT y sus mecanismos para apretar a los contribuyentes, en vez de generar primero riqueza libremente y solo luego recaudar más. Están haciendo todo lo contrario de lo que hacen en Chile y Argentina, que lideran la corriente de la libertad y la prosperidad en la región.
Se sigue aplazando y enfriando la reforma urgente y radical de Petroperú y otras empresas estatales, y se sigue huyendo del debate imprescindible sobre la reducción de la planilla estatal en todos los niveles de gobierno. Y esto justamente distorsiona la política del MEF que, no pudiendo ajustar por el gasto corriente, se ve obligado políticamente a exprimir a los que ya pagamos suficiente.
No dudo de que hay ministerios que están haciendo bien las cosas. No dudo de que la atención está puesta en El Niño y en atender problemas de inseguridad ciudadana. No juzgo intenciones ni personas. Pero de intenciones no se mejora un país con años de desorden. No se trata de ir apagando incendios. Tampoco se trata de evadir temas sensibles. Keiko tiene un deber moral: elegimos un gobierno que iba a defender los valores de la libertad, honesta y radicalmente, no a medias. Y ese gobierno que elegimos aún no aparece. Al contrario, manda señales peor que confusas.
*Publicado en Expreso