Microempresas generan más del 70% del empleo formal, pero todavía no logran producir tanto valor agregado
Según información del Ministerio de la Producción (PRODUCE) correspondiente a 2024, si la productividad laboral de un trabajador de una microempresa es 23 veces menor al de aquel que trabaja para una empresa grande. Según PRODUCE, si el valor producido de una gran empresa equivale a 100 puntos, la de una mediana alcanza 65,1; la de una pequeña, 26; y la de una microempresa, apenas 4,3.
La diferencia también se refleja en la distribución del empleo y la producción. Según cifras de la OCDE (2026), las microempresas concentran el 71,1% del empleo privado formal, pero generan únicamente el 6,8% del valor agregado. En contraste, las grandes empresas reúnen el 10,9% de los trabajadores y producen el 66,8% del valor agregado.
Solo el 1,8% de las microempresas logró crecer
El problema no se limita a las diferencias de productividad, sino también a las dificultades que enfrentan los negocios para aumentar de tamaño. De acuerdo con un informe también de PRODUCE sobre seguimiento de MIPYMES, el 57,6% de las microempresas registradas en 2015 había salido del registro para 2024. Otro 40,5% permanecía en la misma categoría empresarial y apenas el 1,8% había logrado alcanzar una categoría superior. Estas cifras muestran que la mayoría de los pequeños negocios no consigue dar el salto hacia una mayor escala productiva. Sin embargo, salir del registro no necesariamente significa que una empresa haya cerrado, pues también podría haber pasado a la informalidad.
Entre los factores que pueden explicar esta situación se encuentran las dificultades para acceder al financiamiento, incorporar tecnología, mejorar la gestión empresarial y llegar a nuevos mercados. A ello se suman los costos tributarios, laborales y regulatorios que pueden incrementarse cuando una empresa crece, desincentivando su expansión.
Formalizar no es suficiente para aumentar la productividad
Las cifras plantean un desafío para las políticas públicas: incorporar empresas a la formalidad no garantiza que estas se vuelvan más productivas. Un negocio puede cumplir con sus obligaciones tributarias y laborales, pero continuar operando con escaso capital, tecnología limitada y dificultades para contratar trabajadores o ampliar sus operaciones.
Por ello, evaluar las políticas de formalización únicamente por el número de empresas registradas resulta insuficiente. También es necesario medir su supervivencia, productividad, generación de empleo y capacidad para alcanzar categorías empresariales superiores. En ese contexto, cobran importancia los mecanismos de transición que permitan a las empresas asumir obligaciones gradualmente conforme aumentan de tamaño. El objetivo sería evitar incrementos abruptos en los costos de cumplimiento que puedan desincentivar su crecimiento.
El desafío pendiente para el Ejecutivo
Tras el intento del Poder Ejecutivo de impulsar medidas de simplificación administrativa y formalización mediante la delegación de facultades legislativas, las dificultades para el crecimiento empresarial continúan siendo un asunto pendiente. El desafío consiste en establecer condiciones que permitan a los negocios invertir, contratar, competir y aumentar su productividad sin enfrentar cargas desproporcionadas al crecer.
De lo contrario, el Perú corre el riesgo de mantener una estructura empresarial en la que la mayor parte del empleo permanece concentrada en unidades de baja productividad, mientras una proporción reducida de empresas genera la mayor parte del valor agregado. La discusión, por tanto, no debería limitarse a cuántas empresas ingresan a la formalidad, sino también a cuántas consiguen mantenerse, crecer y generar empleos sostenibles.