Fecha: 1 octubre, 2026 Tipo de cambio : s/ 3.429

Las lluvias vuelven antes de tiempo a Piura y Tumbes

Las precipitaciones intensas ya elevaron el caudal del río Tumbes a las puertas de octubre. En regiones donde una lluvia prolongada puede dejar familias sin vivienda, aislar poblados y destruir el sustento de hogares enteros, la temporada vuelve a poner a prueba cuánto se hizo para prevenir daños conocidos.  
Redacción Vigilante Publicado 12:30 pm, 1 octubre, 2026

Hay pérdidas que no terminan cuando el agua baja. Una lluvia intensa puede dejar una casa inhabitable, echar a perder una chacra o una cosecha, llevarse animales de crianza, cortar el único camino de acceso o dejar aislado a todo un caserío. Para algunas familias, eso significa quedarse sin el lugar donde viven o sin aquello de lo que dependen para subsistir; unas horas de agua pueden borrar años de esfuerzo. Desde finales de septiembre se registran lluvias persistentes en la costa norte: el 26, la estación Cañaveral, en Tumbes, acumuló 78,5 milímetros en 24 horas, cuando lo normal para todo el mes es solo 0,5 milímetros. El Senamhi calificó estas lluvias como excepcionales para la época y señaló que alcanzaron valores superiores a referencias registradas en septiembre de 1997, durante el extraordinario fenómeno El Niño.

En El Alto, Piura, la señal también fue inusual: se registraron 13,5 milímetros de lluvia en un día, más de cuatro veces el anterior récord de septiembre, de 3 milímetros en 1977. Un día después, las precipitaciones en la cuenca Puyango-Tumbes elevaron el caudal del río Tumbes hasta 492,99 metros cúbicos por segundo. El episodio ocurre cuando los meses de mayor riesgo todavía están por delante, en zonas donde miles de personas viven expuestas.

Para las precipitaciones previstas entre el 26 y 27 de septiembre, el Cenepred estimó que 64 mil 793 habitantes de Piura y 18 mil 482 de Tumbes se encontraban en zonas de riesgo muy alto de inundación. En conjunto, eran más de 83 mil personas y 27 mil viviendas expuestas en el nivel más severo del escenario evaluado. Al mismo tiempo, el ENFEN elevó a 88% la probabilidad de que El Niño Costero alcance en octubre una magnitud extraordinaria respecto del calentamiento del mar y prevé lluvias superiores a lo normal en la costa norte durante el trimestre octubre-diciembre.

El norte ya conoce lo que puede ocurrir cuando las lluvias se prolongan. El Niño Costero de 2017 dejó solo en Piura 93 mil damnificados y 6 mil 447 viviendas colapsadas. Detrás de esas cifras hubo hogares que perdieron el lugar donde vivían y personas que tuvieron que recuperar, al mismo tiempo, una casa y una forma de sostenerse. Para quien depende de una chacra, de sus animales o del trabajo diario, el golpe no acaba cuando deja de llover: después viene la tarea de encontrar dónde vivir, volver a generar ingresos y reconstruir lo perdido.

Por eso la pregunta vuelve inevitablemente a la prevención y al uso de los recursos públicos. A mediados del 2026, Piura tenía S/29,6 millones para inversión en obras de prevención de desastres, pero había ejecutado el 9,8%; sus gobiernos locales apenas habían avanzado 4,4%. En Tumbes, las municipalidades habían utilizado 13,2% de esos recursos. El problema viene de atrás: entre 2015 y 2025, el presupuesto destinado a reducir vulnerabilidades y atender emergencias creció en promedio 9% anual, mientras la inversión en obras preventivas cayó 1% por año, según datos del Ministerio de Economía y Finanzas procesados por Vigilante.

Eso no significa que nada se haya hecho desde entonces. En julio, la Autoridad Nacional del Agua informó que había intervenido 11,36 de los 19,17 kilómetros previstos de cauces en Piura. En Tumbes, el Proyecto Especial Binacional Puyango-Tumbes reportó 26 intervenciones que protegían 4 mil 601 hectáreas de cultivo y el sustento de más de 4 mil familias agricultoras. El punto, sin embargo, no es solo cuántas acciones se anuncian o cuánto dinero se asigna, sino si las intervenciones alcanzan los lugares críticos antes de que llegue la etapa más dura de las lluvias.

Esa urgencia también ha llegado al Congreso. De las 66 facultades legislativas solicitadas por el Ejecutivo, 25 están relacionadas con la prevención y respuesta frente a emergencias climáticas. El Gobierno propone, entre otras medidas, agilizar la disponibilidad de terrenos para defensas ribereñas, canales y reservorios, ampliar el uso de Obras por Impuestos para gestión del riesgo y acelerar la atención a damnificados. El 30 de septiembre, la Comisión de Constitución pasó a cuarto intermedio mientras buscaba una fórmula de consenso sobre la delegación. El Ejecutivo sostiene que necesita eliminar trabas y reducir los tiempos de respuesta; la discusión ocurre cuando algunas de las lluvias que esas medidas buscan enfrentar ya han comenzado.

Prevenir no significa evitar que llueva. Significa hacer todo lo posible para que una lluvia intensa no termine con una familia fuera de su casa, un caserío aislado o un agricultor sin aquello de lo que vive. Se trata de que los recursos y mecanismos disponibles se conviertan a tiempo en prevención. Las primeras precipitaciones ya llegaron y la etapa de mayor riesgo todavía está por delante. La pregunta es si, cuando el agua vuelva a crecer, las obras, los recursos y las nuevas herramientas del Estado habrán llegado antes que ella.

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