¿Qué quiso decir el ministro Elmer Cuba?, por José Ignacio Beteta
El nuevo ministro de Economía, Elmer Cuba, anunció que el Gobierno buscará aumentar la recaudación fiscal combatiendo la evasión tributaria y fortaleciendo la fiscalización. La frase suena razonable, pero ninguna palabra en boca de un ministro de Economía es gratuita, y las suyas merecen una lectura más cuidadosa.
Antes de aplaudir la medida, hay algo que el ministro debe aclarar: ¿recaudar y fiscalizar significará seguir presionando a través de la SUNAT a los formales? ¿O recaudar significará AMPLIAR de verdad la base tributaria?
Y aquí hay un tema nuclear que se debe explicar muy bien, sobretodo con la SUNAT que tenemos, abusiva y arbitraria. Evasión y elusión no son lo mismo. La evasión es ilegal: ocultar ingresos, falsear información o incumplir obligaciones tributarias de forma directa. La elusión, en cambio, es legal, y consiste en organizar actividades o inversiones para pagar menos impuestos utilizando alternativas que la propia ley contempla. Gracias a una estrategia tributaria inteligente muchas pequeñas y medianas empresas logran crecer y mantener liquidez. Tratar ambas conductas como si fueran equivalentes es una mentira y una injusticia.
Y la SUNAT está decidida a mantener esa confusión. Cada vez que puede, repite que eludir y evadir son prácticamente lo mismo, y amplía la lista de las llamadas «conductas de riesgo», que en la práctica muchas veces son solo estrategias legales para reducir la carga tributaria. Si la autoridad convierte lo legal en ilegal, ¿quién defiende al pequeño contribuyente?
El problema de fondo es un sistema tributario complejo y justiciero. Hoy en el nuestro conviven varios regímenes, decenas de excepciones, reglas difíciles de interpretar y fiscalizaciones arbitrarias que exigen información sin mayor justificación. Esa complejidad obliga a las empresas, sobre todo a las más pequeñas, a gastar cada vez más en contabilidad, asesoría legal y trámites.
Frente a este escenario, la Asociación de Contribuyentes ha planteado dos reformas, una rápida, otra de mediano plazo: primero, reformar la SUNAT para que sea pro contribuyente, no anti contribuyente; segundo, avanzar progresivamente hacia un Impuesto Plano. La propuesta contempla una sola tasa de Impuesto a la Renta, un solo Impuesto a la Venta, un único régimen para personas y empresas, menos excepciones y declaraciones mucho más simples.
La tasa sería la misma para todos, aunque se discuta que los sectores de mayores ingresos terminarían pagando proporcionalmente menos. No importa. Lo cierto es que los resultados de sistemas más simples suelen ser mejores: el Perú sobretodo necesita construir un esquema que premie el cumplimiento y haga más sencillo ser formal que seguir en la informalidad.
Conclusión: el nuevo gobierno debe responder con claridad, desde el inicio de su gestión, tres preguntas: ¿usará a la SUNAT para seguir abusando de los contribuyentes? ¿mantendrá una planilla estatal sobredimensionada financiada con nuestros impuestos gracias a ese abuso? ¿qué hará realmente para resolver el problema estructural del país: LA IMPOSIBLE FORMALIDAD? El Perú espera esas respuestas.