El Estado lo quiere todo, y no te quiere dar nada, por José Ignacio Beteta

¿Cuándo le importó a la SUNAT el crecimiento del emprendedor? Nunca. Solo sabe confiscar.
Redacción Vigilante Publicado 3:30 pm, 22 abril, 2026

¿Compras algo en Temu para tu hija, tu hijo o para ti? La SUNAT sospecha que eres contrabandista. ¿Yapeas o Plineas? La SUNAT quiere que hasta la limosna que sueltas en misa se vuelva boleta sellada, firmada y registrada.

Sí, algunos revenderán o disfrazarán Yape de «cuenta empresarial». Pero hablamos de montos minúsculos: el ingreso extra de una familia que busca respirar, o el clásico «cachuelo» peruano. Perseguirlos con impuestos no es fiscalización; es cacería.

La medida golpea, con puntería quirúrgica, al peruano de ingresos medios y bajos —formal o informal, da igual. Temu, AliExpress y Shein funcionan porque la oferta local es cara o, simplemente, no existe. No es un impuesto técnico: es un impuesto al pobre disfrazado de tecnicismo. No es formalización; es persecución con membrete.

En un país que crece a paso de tortuga anémica, restar poder adquisitivo con directivas abusivas contradice cualquier reactivación. La orden de arriba: exprimir al que se pueda para pagar planillas y gasto corriente. ¿Obras, servicios públicos, inversión? Tranquilos, el dinero del contribuyente jamás se ensucia con eso.

Se castiga al pequeño por un problema estructural que el Estado nunca resolvió. La formalidad no sirve; es el problema. Dennos algo a cambio de ser formales y conversamos. Pagar impuestos no es un deber moral: es parte de un contrato que el Estado peruano, sin sonrojarse, incumple.

El artículo 74 de la Constitución consagra el principio de economía en la recaudación: el costo de administrar un tributo debe ser proporcional al ingreso que genera. La SUNAT no tiene capacidad para procesar 60 millones de envíos anuales con declaración individual. Gravar envíos de 30 o 50 dólares viola ese principio. ¿La solución creativa? Engordar a la recaudadora. La SUNAT crece, consume presupuesto y persigue centavos. Control por poder, no por virtud.

Sobre las billeteras digitales: el emprendedor usa Yape o Plin porque es gratuito, instantáneo y sin infraestructura. Convertir cada transferencia en comprobante mata el único incentivo. Resultado: todos de vuelta al efectivo, lo contrario de esa «inclusión financiera» que se pregona en PowerPoint.

Gravar microemprendedores de márgenes mínimos —comida, delivery, ventas por redes— reduce su capital y su capacidad de crecer hasta volverse contribuyentes relevantes. Es matar la gallina antes del primer huevo. ¿Cuándo le importó a la SUNAT el crecimiento del emprendedor? Nunca. Solo sabe confiscar.

Además, ¿cómo distinguir automáticamente un préstamo entre amigos, una devolución o un regalo familiar, de una venta gravada? Sin reglas claras, se presume actividad económica donde no la hay. Persecución, persecución y más persecución.

Yape y Plin no fueron diseñados como sistemas de facturación. Obligarlos a funciones tributarias exige inversión de bancos y fintechs; ese costo, como siempre, lo pagará el usuario vía comisiones. Adiós al servicio gratuito.

Afecta desproporcionadamente a mujeres, jóvenes y habitantes rurales, los que más usan billeteras para subsistir. Regresiva en género y territorio.

Concluyamos. Todos perdemos, menos el burócrata con sueldo asegurado y el todopoderoso Estado. La formalización exige que el beneficio supere el costo. Hoy el formal paga IGV, renta, ESSALUD, ONP, licencias municipales… y recibe servicios deficientes, cuando los recibe (y se rozan vulneraciones a datos personales). Más carga sin mejor contraprestación es, literalmente, una injusticia.

Ambas medidas comparten el mismo vicio: priorizan la recaudación inconsciente de corto plazo sobre un pacto fiscal legítimo, justo, ético. El contribuyente acepta tributar cuando percibe que todos pagan lo suyo, recibe servicios dignos y la carga es proporcional a su capacidad. En Perú no se cumple ninguna. Sin resolver eso primero, más tributos no formalizan a nadie: empujan, con entusiasmo, a más peruanos hacia la informalidad y perpetúan este nuevo modelo “económico”: los contribuyentes somos los esclavos de un Estado que se ha convertido en una agencia de empleos que no produce nada valioso.

COMPARTIR NOTICIA