Fecha: 17 junio, 2026 Tipo de cambio : s/ 3.376

El contribuyente que paga mucho y recibe poco: la contradicción de los impuestos en el Perú

La ruptura entre lo que el contribuyente paga y lo que el Estado devuelve explica el avance de la informalidad y el desencanto ciudadano. Mientras los servicios sigan deteriorándose, el votante formal continuará sintiéndose un financiador sin retorno.
Redacción Vigilante Publicado 6:00 pm, 12 junio, 2026

En el Perú, la relación entre el ciudadano y el Estado se ha convertido en una contradicción difícil de ignorar. El contribuyente formal aporta cada vez que compra con IGV, cada vez que recibe su sueldo y cada vez que interactúa con el sistema. Sin embargo, los servicios que recibe a cambio revelan una brecha profunda: el 95 % de los hospitales del país opera con capacidad instalada inadecuada, existen 2,200 obras públicas paralizadas y el 40 % de las comisarías carece de presupuesto suficiente. La ecuación básica —pagar y recibir servicios— está rota.

Esa fractura explica buena parte del malestar ciudadano que atraviesa las discusiones sobre las elecciones del 2026, aunque pocas veces se formule de manera explícita. Para la clase media formal, la ruptura es especialmente evidente. A pesar de los descuentos obligatorios, termina pagando por servicios que el Estado no provee: clínicas privadas, colegios particulares e incluso seguridad para su vivienda. En la práctica, paga dos veces por lo mismo.

Frente a ese escenario, la informalidad no aparece como un problema moral, sino como una decisión racional. Quien observa que la formalidad implica mayores costos sin beneficios tangibles concluye que no tiene incentivos para ingresar al sistema. La informalidad deja de ser una anomalía y se convierte en una respuesta lógica a un Estado que no cumple su parte del trato.

El resultado es un círculo que se retroalimenta. Un Estado grande e ineficiente gasta mal los recursos de los formales, ofrece servicios deficientes y, al hacerlo, convence a menos personas de formalizarse. Menos formalidad implica menos recaudación, y menos recaudación profundiza la incapacidad estatal para mejorar servicios. El sistema se sostiene sobre una base cada vez más estrecha.

En este contexto, las propuestas centradas únicamente en más impuestos o más bonos no abordan el problema de fondo. El desafío del próximo gobierno no es recaudar más, sino demostrar que cada sol recaudado se convierte en un hospital que atiende, una escuela que funciona o una calle segura. Sin esa cuenta clara, la informalidad seguirá creciendo y el votante seguirá sintiéndose lo que, en buena medida, es: alguien que financia un Estado que no le responde.

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