Fecha: 19 abril, 2026 Tipo de cambio : s/ 3.435

El costo de la improvisación electoral, por Camila Costa

Aquí no hay que elegir entre narrativas de fraude o errores. Es algo más básico: el Estado falló.
Redacción Vigilante Publicado 9:15 am, 17 abril, 2026

Lo ocurrido en las Elecciones 2026, especialmente en Lima Metropolitana (con cerca de 27 mil mesas de votación), no puede normalizarse ni relativizarse. Hagamos una revisión simple de los hechos:

1) La ONPE contrata a una empresa de transporte que ya presentaba evidencia de incumplir contratos, que falla. El material electoral no llegó a tiempo incluso en zonas urbanas accesibles.

2) A las 7:00 a.m. las mesas debían estar instaladas. No lo estuvieron. Desde temprano comenzaron las denuncias de mesas sin abrir. Y aquí viene el primer gran problema: a las 9:00 a.m. ya era evidente que algo inusual estaba fallando a gran escala, eran muchas mesas sin instalarse. La ONPE guardó silencio.

3) Minutos antes del mediodía —cuando muchas mesas no instaladas debían declararse nulas— se anuncia la ampliación del horario: instalación de mesas hasta las 2:00 p.m. y votación hasta las 6:00 p.m. Pero el daño ya estaba hecho. Miles de ciudadanos ya se habían retirado de sus locales asumiendo que su mesa no abriría. El comunicado llegó demasiado tarde.

4) A las 2:00 p.m., Transparencia reporta que el 13% de las mesas en Lima Metropolitana no se habían instalado: aproximadamente 3,510 mesas y más de 850 mil votantes afectados. En paralelo, el JNE emite un mensaje ambiguo donde indica que si no habías podido votar por este problema no debías pagar la multa. Otro incentivo más para no regresar a votar.

5) Luego, a las 4:00 p.m., la ONPE reduce la cifra a 211 mesas no instaladas (alrededor de 63 mil votantes). El JNE reprogramó la votación para el lunes 13 de abril de estas mesas no instaladas. Un día laboral. Un día en el que muchos simplemente no pueden ir.

Este no es un problema menor. No es una anécdota. Es una cadena de decisiones tardías, mala gestión logística y comunicación deficiente que termina afectando un derecho fundamental: el derecho a elegir.

Aquí no hay que elegir entre narrativas de fraude o errores. Es algo más básico: el Estado falló.

Y el impacto es fuerte: personas que esperaron horas y se fueron, ciudadanos que no regresaron porque creyeron que su mesa no abriría, trabajadores que no pudieron ir a votar.

Podemos debatir si esto fue sospechoso o simplemente ineficiente. Estas elecciones son muy pegaditas, estos hechos pueden definir quién pasa. Pero hay un hecho indiscutible: miles de limeños no pudieron ejercer su voto.

Y en democracia, eso ya es demasiado grave.

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