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¿Por qué sobrevive el peor presidente de la historia?, por José Ignacio Beteta

Publicado 9:22 am, 4 Noviembre, 2022

“Antauros, Mendozas, Cerrones, y otros sujetos aprovecharán esos pequeños bolsones radicales para seguir diciendo tonterías por ahí, quejándose, gritando, insultando, porque saben perfectamente que si llegan al poder y no hacen absolutamente nada (no sabrían siquiera qué hacer), igual serán mantenidos por ese contribuyente de cada diez que sostiene un Estado burocrático, gris, de baños sucios, tugurizado de desórdenes y distorsiones”.

Te levantas en la mañana y piensas en tus hijos, tu trabajo, tu pareja, tus amigos, tu perro, tu gato, en todo aquello que te rodea inmediatamente. Te preocupa tu salud, la salud de tu familia, te preocupa que todo esté en orden en este íntimo círculo concéntrico. Eso es así para cualquier ser humano, aquí, en Asia, en Oceanía, o en el Polo Norte. Difícil pensar en temas más profundos, complicados, teóricos, si estas prioridades no están en orden. Difícil salir a marchar. Difícil echar a un presidente. Difícil empujar a los políticos a hacerlo.

Y así están las cosas. La inflación en el Perú genera cada vez más preocupación en la población. En junio se alcanzó el triste récord de la inflación más alta en los últimos 25 años (8.8%), cifra que se ha mantenido. Esta se debe principalmente al alza de tres grupos de bienes: alimentos y bebidas (13.9%), restaurantes y hoteles (9.9%) y transporte (11.7%), que representan el 52% de la canasta de consumo de un peruano promedio.

La principal muestra de que esta problemática nos viene afectando de modo fundamental la encontramos en la Encuesta Nacional de Hogares del INEI. Frente a la pregunta: ¿Cuáles son los principales problemas del país?, los peruanos cada vez consideran más que la primera preocupación son los altos precios y bajos salarios.

Premier Aníbal Torres y el presidente Pedro Castillo.

¿Qué está haciendo el gobierno de Castillo frente a este problema? Nada. El control de la inflación le corresponde de manera principal al Banco Central de Reserva (BCR), y aunque el Ejecutivo tuvo en sus manos una serie de medidas que podrían haber mitigado de manera importante este problema, no hizo nada.

Otra muestra de que las cosas no están bien es que más de 500 mil peruanos se quedarían sin acceso a créditos hipotecarios en los siguientes meses (o años) debido al alza de las tasas de interés. Esto no es poca cosa. ¿Cuántos sueños de vivienda propia se mutilarán debido a este problema? Literalmente 500 mil.

Pero vamos al núcleo de este artículo: todo esto no solo no le interesa en lo más mínimo ni al presidente, ni a los políticos, ni a muchos burócratas, sino por el contrario, les conviene. A más problemas económicos, a más preocupaciones domésticas, a más inseguridades financieras, Castillo y su entorno saben perfectamente que habrá menos incentivos y energía para hacer justicia con ellos.

Perú es un país informal en el que la mayoría de peruanos vive sin el Estado, ni siquiera a costa de él, simplemente sin él. En este contexto de aislamiento voluntario, de resiliencia indiferente, de supervivencia autónoma pero precaria, de existencia paralela, los políticos y funcionarios públicos pueden seguir haciendo lo que les da la gana, incluso contratando más gente, gastando más plata y robándosela. El Estado peruano no solo es rico, sino que este año es más rico debido al precio de los metales y a otros elementos que no tienen nada que ver con alguna medida o reforma positiva de parte del poder ejecutivo. La SUNAT rompió récord de recaudación y se aplaudió a sí misma como máquina boba de confiscación, solo para seguir alimentando a estos políticos y funcionarios que hoy son los mejores clientes de un banco, sin producir ni una sola pizca de riqueza.

Así están las cosas. Los jóvenes trabajan en lo que pueden, limpia su cabeza y sin muchas responsabilidades, se indignan pero no mucho. Se dan el lujo de tener esperanza. Pero quienes ya pasaron los cuarentas y tienen familias, o incluso quienes pasaron los cincuentas y son los padres de aquellos jóvenes, ven las cosas de una forma distinta. Ya vieron mucha mugre, su mochila es más pesada, se preocupan por el futuro de sus hijos y nietos y no solo se indignan sino sienten impotencia. Tienen más conciencia, pero sus oportunidades son menos y no tan buenas. Su capacidad para reaccionar y solucionar problemas es cada vez menor.

Y todo esto le sigue conveniendo al político de turno. Mientras el joven se rompe el lomo y cree que puede cambiar las cosas y los viejos ya no pueden hacer mucho; mientras el país sigue siendo informal y pobre, el político puede seguir exprimiendo a esas 1000 o 1200 empresas que pagan el 80% de la cuenta del Estado y alimentan los grasosos estómagos de 1.5 millones de burócratas de los cuales algunos pocos hacen bien las cosas -a duras penas- y una gran mayoría no produce nada.

Antauro Humala salió libre tras irregular decisión del INEI.

El Perú ha pasado a ocupar el preocupante puesto de ser el país con mayor inseguridad alimentaria de América del Sur. La mitad de la población -cerca de 16.6 millones de personas- padece esta situación, el doble que antes de la pandemia según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). El informe de la FAO además, indica que dentro de este grupo, existen 6.8 millones de personas con una situación de inseguridad alimentaria grave, eso significa que pasan periodos de un día o más sin alimentarse.

Pero repito, esto es muy conveniente para nuestros políticos. Y así, culmino resumiendo lo que intento expresar: vivimos en una paradoja maquiavélica, exagerada, literaria, fantástica: políticos y burócratas peruanos pueden estar más tranquilos que antes y hacer las cosas peor que antes, porque el pueblo es más pobre e indiferente que antes y por lo tanto, no tiene tiempo para prestarles atención.

Antauros, Mendozas, Cerrones, y otros sujetos aprovecharán esos pequeños bolsones radicales para seguir diciendo tonterías por ahí, quejándose, gritando, insultando, porque saben perfectamente que si llegan al poder y no hacen absolutamente nada (no sabrían siquiera qué hacer), igual serán mantenidos por ese contribuyente de cada diez que sostiene un Estado burocrático, gris, de baños sucios, tugurizado de desórdenes y distorsiones.

Desde la trinchera de la comunicación y la generación de ideas, noticias e información, muchos seguiremos trabajando para herir susceptibilidades y hacer que arda la pus del acomodado, privado o estatal; y desde el sector privado -formal e informal- seguirán existiendo líderes, dueños de empresas, gerentes, trabajadores, emprendedores, jóvenes o viejos, comprometidos, conscientes, apasionados, que pondrán su grano de arena, a través de proyectos de desarrollo sostenible, financiando causas nobles, ayudando a los más pobres. Ojalá que esta legítima minoría no se rinda ni se vaya del país. Ojalá. El reto de salvar al país es cada vez más duro.

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