“El Estado peruano en general nos falla y lo hace cuándo y dónde más se le necesita. Por eso, según el Informe de Latinobarómetro 2021, los peruanos percibimos altos grados de injusticia en el acceso a la educación (74%), salud (76%) y justicia (89%)”.

Por Yesenia Álvarez (@yesiyeat

(*) Un sector que en el pasado defendió el hashtag “Perú, país de violadores” salió furibundo a atacar una crítica que se sostenía en la afirmación de que en el Perú “no hay Estado”. 

Como aquella vez, las tribus políticas intentaron desacreditar al mensajero que usa figuras para poner en discusión un problema grave que nos afecta como ciudadanos. Ni es discriminatorio decir que la falta de Estado no afecta de la misma manera a todos los distritos, ni es calumnia decir que en el país tenemos un gran problema con la violencia sexual. En esto, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables registra una cifra alarmante de 15,536 casos de violencia sexual atendidos por el Centro de Emergencia Mujer (CEM) en lo que va del 2022. Seguimos con el problema.

En cuanto a un Estado que recibe los impuestos de los ciudadanos contribuyentes para brindarles servicios públicos básicos, tenemos que ello no ocurre porque por un lado no ejecuta eficientemente el presupuesto público, y por otro se pierde en corrupción estatal. Como reporta el Instituto Peruano de Economía: la corrupción eleva el costo de acceso de los hogares a servicios básicos y afecta en mayor medida a la población más pobre.

El Estado peruano en general nos falla y lo hace cuándo y dónde más se le necesita. Por eso, según el Informe de Latinobarómetro 2021, los peruanos percibimos altos grados de injusticia en el acceso a la educación (74%), salud (76%) y justicia (89%).

La Asociación de Contribuyentes aporta un dato alarmante en esta dinámica y es que un trabajador formal peruano promedio dedica 134 días exclusivamente para poder cubrir impuestos de distintas categorías para el Estado. Es totalmente válido el reclamo y la crítica a un Estado como el peruano que cada vez pide más de los ciudadanos y que luego desperdicia en corrupción afectando por supuesto a aquellos lugares en que más se necesita su presencia, allí donde se percibe que no hay Estado.

(*) Columna publicada por la autora originalmente en Perú21.

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