OPINIÓN

Normativa laboral: de mentirosos y miedosos, por Jose Ignacio Beteta

“Los que pierden son los emprendedores, los trabajadores formales, que pagan impuestos y que necesitan que el Estado mejore las reglas de juego, no que las empeore”.

En el marco de una mesa técnica convocada por la congresista Rosángela Barbarán (presidenta de la Comisión de Economía del Congreso) para debatir la derogación del Decreto Supremo 001 que restringe el régimen de tercerización, un representante del Ministerio del Trabajo, el señor Juan Diaz Fernandez, mintió sin ninguna vergüenza.

Díaz Fernández afirmó que “en el marco del DS 001 el trabajo formal había crecido 7.2%”. Su afirmación enunciada de forma ambigua, podría parecer probable, pero incluso dicha de esa forma es falsa. La Asociación de Contribuyentes evaluó el comportamiento del mercado laboral en los últimos meses y la realidad dice lo contrario.

Para empezar, el empleo en general ha alcanzado niveles pre-pandemia, pero a través de aumentar la cantidad de trabajadores subempleados (trabajan en condiciones precarias), que ha crecido en 496 mil personas. La cantidad de personas adecuadamente empleadas (el verdadero trabajo formal) ha caído en 305 mil (Fuente: Contribuyentes del Perú).

Por otro lado, ¿cuál es el perfil de estos nuevos trabajadores en condición de subempleo? No son jóvenes. Son aproximadamente 226 mil peruanos y peruanas, en su mayoría mayores de 45 años, que han tenido que salir a trabajar otra vez, aunque probablemente sus actividades laborales ya se habían reducido antes de la pandemia (Fuente: Contribuyentes del Perú).

Lo que hizo Díaz Fernandez es una clara expresión de lo que hacen casi todos los funcionarios del Poder Ejecutivo en estos tiempos: mentir. Miente Aníbal Torres, miente Geiner Alvarado, miente Rosendo Serna, miente Alejandro Salas, mienten casi todos.

La otra cara de la moneda no es mentirosa, sino miedosa. Los congresistas tienen miedo de derogar tanto el decreto sobre tercerización como el decreto de negociaciones colectivas, aunque saben que son profundamente tóxicos para el mercado laboral. ¿Por qué tienen tanto miedo?

Quienes han querido impulsar la derogación de estos nocivos decretos han recibido llamadas y cartas amenazantes de supuestos “líderes” sindicales, de asociaciones clientes de Castillo, mercenarios, que se sienten empoderados gracias a este Ministerio del Trabajo.

Los mentirosos mienten y los miedosos (por comprensibles razones) se esconden y en un país así, nada avanza. Los que pierden son los emprendedores, los trabajadores formales, que pagan impuestos y que necesitan que el Estado mejore las reglas de juego, no que las empeore; necesitan que el Estado quite obstáculos y en el proceso de generación de empresa y empleo. Pero esto es un sueño: hoy en día lo que quieren burócratas y políticos es meterse en todo, copar todo, capturarlo todo, y lo están logrando.

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