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Editorial: Nadie se quiere quemar, por José Ignacio Beteta

Publicado 8:00 pm, 28 Abril, 2022

Está clarísimo que solo una figura política nueva podrá representar a la oposición frente a este cada vez mas poderoso bloque pro-Castillo, pro-Boluarte, pro-Cerrón. Y no hablemos de un partido, un gremio, un conjunto de gremios o asociaciones, no. Primero hablemos de la figura.

Sin una figura política individual, firme, clara, sólida, que rompa un poco la polarización mediocre en la que estamos y construya una nueva narrativa, nuestra situación seguirá siendo la actual: un país que se cae a pedazos, un Ejecutivo corrupto y poco eficiente enfrentado a una oposición legislativa y política perdida y débil. Ninguno se toca; la caída es lenta, pero segura.

Ciertamente esta figura política no es fácil de encontrar. No puede ser ni muy joven ni muy vieja, ni muy nueva ni muy recorrida, ni muy de izquierda ni muy de derecha, nos encantaría que sea un alma inmaculada, pero eso será muy difícil… Y sí, la perfección es enemigo de lo bueno. Así que nos contentamos con una buena y diferente figura política. Nada más que eso.

Pero en la cultura política peruana, y también en la latinoamericana, es común decir que “el primero que saca la cabeza” pierde. Y esto de alguna forma tiene asidero en la vida cotidiana: frente a una olla hirviendo que hay que sacar de la cocina porque puede explotar, el primero que la agarra no sabe qué tan caliente está, cuánto pesa, y todos los que están esperando ver qué pasa, no necesariamente lo ayudarán… Así, lo más probable es que el primero en intentar agarrarla, se queme.

El problema es que, si nadie se “quema”, se planta firme y le gana la batalla comunicacional a este “bloque oficialista” cada vez más poderoso y lleno de dinero ajeno, el futuro cercano pinta peor que el lejano. El Estado peruano está siendo copado en los puestos ya no solo altos sino medios y bajos por personas incompetentes y cuestionables; no hay políticas sectoriales importantes; las normas que se vienen planteando desde el Ministerio del Trabajo le harán mucho daño al mercado laboral; la educación y la salud no mejoran, el plan de infraestructura nacional sigue caminando muy lento, y los actos vandálicos contra la propiedad privada ya rozan niveles de subversión inaceptables.

Pero los líderes están ahí. ¿Qué ocurre entonces? Están ahí, pero no quieren sacar la cabeza, no quieren agarra la olla, porque en este momento “nadie se quiere quemar”. Estos líderes políticos están conversando con gente, dando vueltas alrededor de empresarios, gremios, eventos, asociaciones que los podrían apoyar, pero no se atreven a dar la cara. Saben que el primero que lo intente, se expone a ser engullido por este caos de mentiras y ruido político. Y saben que quizás el segundo o el tercero se lleve la corona.

Bueno, mi mensaje a los varios líderes políticos que coquetean en privado o en público con partidos, gremios, asociaciones o empresarios, para ver si pueden construir una plataforma política en el futuro, es el siguiente: necesitaremos al primero en sacar la cabeza, al que se quema, al que se levanta para agarrar la olla hirviendo. Si no, no romperemos esta mediocre y decadente tensión hacia abajo.

Es probable que luego sufra los embates del debate por haber empezado a correr primero, pero también es probable que el pueblo premie su generosidad y se convierta en una figura con oportunidades de asumir roles de poder más importantes. El punto es que lo necesitamos. Y hablamos ya de un acto de generosidad más que de uno estratégico o programático. Es momento de que los líderes que de verdad aman al país y lo darían todo por él, crucen la línea, se pongan de pie, den un paso al frente. Si no lo hacen, más temprano que tarde nos convertiremos en un país completamente fallido, nos quemaremos todos.

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