Al preguntar sobre el futuro -luego de escuchar esa frase que resulta el mayoritario grito popular- he recibido, casi también con unanimidad, esa respuesta patética que ha representado nuestra vida nacional en los últimos años. Esa frase, como una cachetada déspota, que representa mediocremente un símbolo patrio, al mismo nivel con el que esas mismas personas lloran el “contigo Perú”, así me responden: “primero que se vaya Castillo, ya después veremos”.

Y es que el Perú es un país para “después”. Un país de postergaciones, de esperanzas cosechadas con mentiras, con engaños de políticos que se aprovecharon de esas personas que aún creen; mejor dicho, que no tienen más remedio que creer. Por cierto, y como letrita pequeña, también están de esos que apuestan y no necesitan “creer”; aquellos que ven al caballo ganador como una alternativa mejor a sus intereses personales. Por eso apuestan, por eso invierten.

Para “después” seguirán pendientes las grandes reformas que necesita el país. Un mejor sistema de justicia por ejemplo o una mejor política; no esa que se traduce -en su gran mayoría- en la argolla dirigencial que cambia de nombres -algunas veces- pero con el mismo comportamiento. Aquella argolla que mantiene la silla caliente para reafirmar que solo un perfil de personajes abyectos puede sobre vivir en la política peruana.

Lo simpático de todo esto es que “después” ya llegó y está a solo unos meses de nuestras propias narices. Ese “después” que tiene que marcar un hito para saber si hemos aprendido la lección o simplemente queremos cambiar de Presidente. Me refiero a las elecciones regionales y municipales de octubre de este año.

¿Seguiremos eligiendo entre candidatos con prontuario? ¿entre candidatos que se escudan bajo el manto de la presunción de inocencia tapando el amplio listín de denuncias penales? ¿entre aquellos que engañan al elector con promesas falsas para llegar al poder? Esos que también repiten: “primero que me elijan y después ya veremos”.

Hace algunos días, en un grupo de chat privado, me expresé en contra de una postulación municipal sosteniendo que, el candidato, actuaba con oportunismo, sin respeto, privilegiando el ego perverso lo que, a mi juicio, es la patente muestra de cómo funciona la política en este país. Un amigo respondió: “pero eso no es suficiente para tacharlo” (obviamente no en el sentido legal del término). Y retruqué: “si eso no es suficiente ¿entonces que tenemos que esperar?”.

Tal vez porque nos hemos acostumbrado a la mediocridad de un menú intragable es que sigue bajando la calidad. Esta es una oportunidad. Yo sigo creyendo por eso que Dios es peruano porque ya nos van dando varias de esas oportunidades. Tal vez si seguimos en lo mismo no haya un “después” que prometer.

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