Fecha: 22 Abril, 2024 Tipo de cambio : s/ 3.693

Urgente: una visión para el Perú, por José Ignacio Beteta

Algunos grupos y líderes peruanos creen que una amelcochada visión de "centro" puede ganar las próximas elecciones. Otros piensan que un ilustrado demócrata de consenso puede ganar las elecciones. Tengo muchas dudas, solo con mirar un poco alrededor y a las tendencias globales. El centro ambiguo y temeroso no parece ser una opción. La diplomacia timorata y políticamente correcta tampoco. Sigamos reflexionando.
Publicado 11:44 am, 19 Octubre, 2023

No falta mucho para que empecemos a preocuparnos por la campaña electoral del 2025-2026 y con lo rápido que pasa el tiempo para todos, mientras mas reflexiones tengamos de forma anticipada, mejor. Aporto con una, mientras atiendo a un seminario de políticas públicas y converso con algunos colegas de Europa y Latinoamérica.

Bukele. Odiado y querido a la vez, su propósito fue y sigue siendo darle seguridad a El Salvador. Y lo ha logrado de la manera en la que cualquier líder radical o populista lo hace: haciendo algunas cosas bien y algunas, no; sobrepasando la ley, rompiéndola, modificándola o siguiéndola. Su estrategia de comunicación es casi perfecta, por el momento, y lo más probable es que logre modificar la constitución de su país para ser reelegido. Bukele puede ser querido u odiado, pero tuvo y tiene una visión: seguridad total, mano dura contra las organizaciones criminales, confrontación con los poderes extranjeros progresistas, defensa de la identidad nacional, desbaratar el discurso “garantista” de las ONGs internacionales pro derechos humanos que defendían a los criminales en vez de defender a los salvadoreños.

Milei. Un poco libertario, un poco conservador. Un poco loco, un poco sensato. Su propósito -gane o no- es destruir a la “casta”, destruir el status quo, destruir la moneda argentina, destruir el Banco Central, destruir ministerios; cambiarlo todo. Muchas de sus ideas son técnicamente impecables, otras no. Pero Milei tiene una visión desde hace muchos años, clara, radical, simple y medible para Argentina: las cosas no pueden seguir así. El pueblo argentino lo quiere, y lidera las encuestas porque “cambiará” todo y resolverá supuestamente sus principales problemas económicos. Cuestiónala si quieres, pero no podrás negar que Milei tiene una visión.

Orbán. Algo alejado de nuestra región pero interesante como caso de estudio. Tiene más de una década como primer ministro de Hungría pero se hizo más famoso en su última reelección. Es un líder explícitamente conservador, poco querido en Europa Occidental y Bruselas, pero aceptado en su país por una razón muy sencilla: le da a Hungría una identidad, un lugar en el escenario político, defiende sus intereses. Económicamente comete errores, pero no muchos. En términos de políticas migratorias, clausura sus fronteras a poblaciones islámicas pero las abre a mano de obra asiática. La oposición no sabe qué hacer con él por una razón muy sencilla: no tiene una mejor visión para Hungría que la de Orbán. Él, sin embargo, no deja de hablar del amor que tiene por Hungría, por su gente, de la importancia de su identidad cristiana, tradicional y los valores que emanan de esta visión de la realidad.

Meloni. La primera mujer en ocupar el cargo de presidente del Consejo de Ministros Italiano. Su visión: Italia no puede ser dominada por los intereses de la Unión Europea. Recuperemos Italia para los italianos, limpiemos la corrupción, generemos trabajo y riqueza para el italiano. Su discurso es conservador pero mucho más moderado que lo que la propaganda trata de vender (hoy cualquiera es de ultraderecha). Ha ido reduciendo impuestos silenciosa pero consistentemente. En Italia se siente más el orden. Rápidamente quisieron acusarla de “anti inmigrantes” pero Meloni no rechaza la llegada de mano de obra a la península siempre y cuando cumpla con ciertos parámetros. Otra vez, Meloni trajo una visión para Italia: limpiar la política de gente corrupta, darle frescura, recuperar el amor por su país, por su nación.

Lula. En términos de gestión es hoy mismo uno de los peores presidentes de Brasil -por segunda vez- pero no tiene mayoría en sus cámaras parlamentarias por lo que no puede implementar las desastrosas medidas que querría implementar. Pero Lula es Lula. Lo sacaron de la cárcel aun con todo en su contra. ¿Qué tiene Lula? Transmite una visión: primero los trabajadores, el pueblo, los pobres, primero la empatía con quienes tienen menos, salió de abajo, nunca fue parte de la elite. Lula es uno de los “sabios” del socialismo sudamericano y quienes se identifican con él no lo hacen por su programa de política pública ni sus logros (no ha logrado nada), sino por la visión que representa.

Evo. Morales juega ajedrez mientras hace política y después de casi 20 años puede llegar a ser presidente de Bolivia sin mayores contratiempos. Tiene en la cárcel a la única persona que podría competir con él. El aparato judicial es suyo. Las bases sindicales y sociales siguen siendo suyas. ¿Cómo? Nunca dejó de transmitir una visión: primero el pueblo indígena, primero la lucha indígena, retornemos a las raíces originarias y luchemos contra el imperialismo, contra las grandes potencias. Su visión es romántica, vacía de contenido y llena de victimización, pero es una visión y una muy potente hoy en día, no solo en la región sino hacia el hemisferio norte, ávido de consumir este tipo de leyendas y cuentos de aborígenes oprimidos, casi en la misma medida que en el siglo XIX.

Chávez. Que en paz descanse el dictador. Un militar inteligente, astuto, experimentado en la política tradicional venezolana, pero lo suficientemente fuera del sistema como para empezar y sostener una dictadura que nadie puede derrocar. Su visión, alineada con la de Fidel y Cuba, fue la que empapó nuestra región los últimos 20 años: el socialismo del siglo XXI, la patria bolivariana, la patria de Bolívar (Bolívar no se entera de nada). Otra vez, sostenido por los miles de millones de dólares que Venezuela recibe de su producción petrolera (y sosteniendo a sus colegas en otros países con esos miles de millones), podría haber construido una visión sobre extraterrestres y el regreso de los atlantes, y podría haber sido exitoso, pero el punto es que siempre tuvo una visión, una visión no solo para Venezuela, sino para toda la región.

Y podría poner más ejemplos. Pero estos son lo suficientemente diversos como para explicar la razón del título de esta entrada: quien quiera ser presidente de Perú en el futuro DEBE tener una visión para el país, y una visión fuerte, sólida, radical. Una visión. Una.

En un mundo lleno de ruido, información sin censura, veloz y voluminosa; en una cultura de ligeras opiniones y pobres compromisos; en una época “democrática” en la que prácticamente cualquier idiota puede invadirnos y ser un líder en las redes sociales (Umberto Eco); lo que la mayoría pide es un líder con una visión sobre la realidad sobresaliente, fuerte, clara, idealista, sólida. No importa si esta visión tiende más a la derecha o a la izquierda. No importa si esta visión es más o menos populista. La mayoría no entiende estos matices. Lo que quiere hoy el pueblo, joven, adulto, mas o menos educado, es un presidente con visión.

Evidentemente, esta visión será un poco construida, consciente y otro poco inventada, fantasiosa. Es clave tener una visión pero no que tan real o ilusoria es. Tampoco el candidato tiene que ser perfecto. Puede ser coherente con la visión que propone y representarla de forma natural o actuar un poco a la medida de una campaña electoral. Tampoco importa. En ambos casos puede terminar siendo presidente; eso ya dependerá de la oportunidad, y quienes se sumen a su propósito y a la visión que propone. La visión precede al candidato, no con quien te juntas o cuánto dinero tienes para tu campaña.

Algunos grupos y líderes peruanos creen que una amelcochada visión de “centro” puede ganar las próximas elecciones. Otros piensan que un ilustrado demócrata de consenso puede ganar las elecciones. Tengo muchas dudas, solo con mirar un poco alrededor y a las tendencias globales. El centro ambiguo y temeroso no parece ser una opción. La diplomacia timorata y políticamente correcta tampoco. Sigamos reflexionando.

 

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