No elegir también decide: el riesgo de votar en blanco, anular o ausentarse en las Elecciones 2026
A días de una elección clave que no solo definirá la Presidencia, sino también el retorno del Senado y la Cámara de Diputados, la principal alerta ya no está solo en quién lidera las preferencias. El foco está en el enorme bloque de ciudadanos que, por hartazgo con la clase política, todavía no sabe por quién votar, planea dejar su voto en blanco o incluso evalúa no acudir a las urnas.
La última encuesta nacional de CPI, levantada entre el 3 y 4 de abril, deja una señal preocupante: 24.8% afirma que votaría en blanco, nulo o viciado para el Senado nacional, mientras 21.2% sigue indeciso. En conjunto, 46% del electorado aún no convierte su participación en una decisión políticamente útil.
No se trata de un dato aislado. Ipsos registró que 21% votaría blanco, viciado o por ninguno, y 2% no precisa su elección. El IEP encontró que 30% aún no decide su voto presidencial, mientras Datum reportó que 57% seguía sin definir su voto presidencial y congresal en el tramo previo de la campaña. A ello se suma una alerta adicional: el ausentismo se duplicó en veinte años. Datos de la ONPE sistematizados por el Instituto Peruano de Economía muestran que el porcentaje de electores que no acudió a votar pasó de 17.7% en 2001 a un pico de 30% en 2021, el nivel más alto de las últimas dos décadas.
El problema es mayor en estos comicios porque el país volverá a elegir un Congreso bicameral. La Cámara de Diputados concentrará el control político inmediato: presentación de proyectos, interpelaciones, censuras, investigaciones e inicio de procesos como la vacancia presidencial. El Senado, por su parte, cumplirá el rol de segunda revisión y aprobación final de leyes, además de participar en la designación de altas autoridades del Estado. Es decir, ambas cámaras decidirán sobre temas clave como impuestos, seguridad, gasto público, inversión, empleo y servicios, con impacto directo en la vida diaria de todos los peruanos.
Riesgo de representantes con menor legitimidad política
El primer riesgo es elegir representantes con poco respaldo ciudadano. Cuando mucha gente vota en blanco, anula o no va a votar, un senador o diputado puede terminar llegando al cargo con el apoyo de una parte muy pequeña del electorado. Eso debilita su autoridad política desde el inicio y hace más difícil que la gente confíe en el Congreso. Y el problema no es menor: el Senado y la Cámara de Diputados no solo aprueban leyes, también deciden sobre presupuesto, fiscalizan al Gobierno, participan en nombramientos importantes y pueden influir en la estabilidad del país.
Riesgo de que partidos improvisados capturen escaños decisivos
El segundo riesgo es que un Congreso muy fragmentado termine llenándose de grupos pequeños, pero bien organizados. Cuando mucha gente vota en blanco, anula o no acude, se vuelve más fácil que partidos improvisados, alianzas de último minuto o vientres de alquiler consigan escaños con pocos votos. Ya pasó en 2021: el Jurado Nacional de Elecciones registró 4,863,811 votos blancos y nulos, equivalentes a 27.44% de los votos emitidos, una cifra mayor a la votación de cualquier partido. Perú Libre, la fuerza más votada, obtuvo 1,724,303 votos, es decir, 13.40%. En 2026 el riesgo es mayor, porque no solo se elegirá una cámara, sino dos.
Riesgo de agravar la inestabilidad institucional
El tercer riesgo es que aumente la inestabilidad política. Desde 2026, una eventual vacancia presidencial empezará en la Cámara de Diputados, pero también necesitará la aprobación del Senado con una votación calificada. Ese doble filtro busca evitar la crisis política permanente que vivió el país en los últimos años. Pero si ambas cámaras llegan fragmentadas, con bancadas pequeñas y poco respaldo ciudadano, ese diseño puede perder fuerza.
Pero la consecuencia no es solo política: ya vimos cómo un Congreso débil termina aprobando medidas con alto costo para todos, como el aumento de pensiones para maestros jubilados, nuevos beneficios para trabajadores CAS y bonificaciones permanentes para veteranos. Solo en marzo se aprobaron 11 leyes con un costo anual estimado de S/ 11,400 millones. Según el Consejo Fiscal, esa presión fiscal ya compromete recursos para obras, seguridad y servicios públicos. Por eso, no votar o anular no resuelve nada: solo deja al azar quiénes ocupen el Senado y la Cámara de Diputados.