Cuando subir impuestos termina reduciendo la recaudación
El debate sobre nuevos impuestos, incluido uno a la riqueza, vuelve a tomar fuerza en el Perú. La propuesta suele presentarse como una herramienta para aumentar la recaudación y hacer más “justo” el sistema tributario. Sin embargo, la experiencia internacional muestra que estas medidas pueden generar efectos contrarios a los esperados: menos inversión, menos actividad económica y, en algunos casos, menos ingresos para el propio Estado. El caso de Noruega es uno de los ejemplos más recientes y más claros.
El caso noruego: más impuestos, menos recaudación
Noruega elevó su impuesto a la riqueza con la expectativa de recaudar 146 millones de dólares adicionales. Pero tras el incremento, alrededor de 80 contribuyentes de alto patrimonio trasladaron su residencia fiscal a países con menor carga tributaria, como Suiza. La salida de capital y actividad económica asociada generó un impacto fiscal negativo: en lugar de recaudar más, el Estado terminó perdiendo aproximadamente 448 millones de dólares.
La reducción de inversión afectó también a pequeñas y medianas empresas que dependían de la demanda generada por estos grupos empresariales. Como respuesta, el gobierno implementó un “impuesto de salida”, aunque diversos análisis señalaron que el problema no era la movilidad de los contribuyentes, sino una estructura tributaria que había elevado la carga fiscal hasta niveles que desincentivaban la inversión.
Una tendencia que se repite en Europa
El caso noruego no es aislado. Suecia, Alemania y Francia eliminaron impuestos similares tras observar efectos negativos: fuga de capitales, menor inversión y menor dinamismo económico. La evidencia muestra que, cuando la carga tributaria supera ciertos umbrales, los contribuyentes con mayor capacidad de movilidad optan por relocalizarse, reduciendo la base productiva.
Lecciones para el Perú
Para el Perú, la conclusión es clara: las decisiones tributarias deben evaluarse con rigor técnico. Un impuesto mal diseñado puede terminar afectando a quienes generan empleo y oportunidades, especialmente a las pequeñas y medianas empresas que dependen de un entorno económico estable. La experiencia internacional funciona como advertencia: las políticas fiscales deben promover inversión, formalidad y crecimiento, no desincentivarlos.