Fecha: 26 marzo, 2026 Tipo de cambio : s/ 3.459

¿Outsider? No: la trayectoria que Roberto Sánchez prefiere no recordar

El candidato presidencial de Juntos por el Perú no llega desde fuera del sistema. Llega desde dentro: con dos décadas en política, alianzas claras con la izquierda organizada y un paso por el Ejecutivo sin un legado propio que mostrar.
Redacción Vigilante Publicado 2:18 pm, 26 marzo, 2026

Roberto Sánchez Palomino, congresista y candidato presidencial por Juntos por el Perú, no es una figura nueva en la política peruana. Su recorrido se remonta al menos a 2006, cuando postuló al Congreso en una agrupación vinculada a Susana Villarán. Desde entonces, ha mantenido presencia constante en el escenario político, hasta convertirse en una pieza orgánica dentro de su partido, donde hoy no solo milita, sino que además ejerce como apoderado y representante legal.

Su vínculo con la izquierda política no es reciente ni circunstancial. En noviembre de 2019, como presidente de Juntos por el Perú, fue uno de los firmantes del acuerdo político con Nuevo Perú, el partido liderado por Verónika Mendoza. Un año después, en septiembre de 2020, impulsó la formalización de esa alianza ante el Jurado Nacional de Elecciones, promoviendo la afiliación de Mendoza y de otros cuadros de su espacio político. No era un actor secundario: estaba en la mesa donde se articuló la convergencia de la izquierda que luego competiría en las elecciones generales.

Ese mismo posicionamiento se reflejó en 2021. Tras la primera vuelta, Sánchez respaldó abiertamente la candidatura de Pedro Castillo y definió a Juntos por el Perú como aliado del nuevo gobierno. Ya en funciones, no tomó distancia. Por el contrario, se mantuvo dentro del Ejecutivo durante los momentos más críticos.

Su paso por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo se extendió por 495 días, entre julio de 2021 y diciembre de 2022. Fue uno de los ministros con mayor permanencia en un gabinete marcado por la inestabilidad. Sin embargo, su gestión no dejó una reforma identificable ni una política pública de impacto atribuible directamente a su liderazgo.

En comercio exterior, el 2022 cerró con cifras récord de exportaciones. Pero esos resultados respondieron principalmente a factores externos —como el alza de precios internacionales y la entrada en operación de proyectos mineros ya en marcha— más que a una estrategia impulsada desde el Mincetur. En turismo, la recuperación fue parcial: el país recibió poco más de dos millones de visitantes internacionales ese año, lejos aún de los niveles prepandemia. El balance es claro: no hubo crisis visible, pero tampoco una transformación que sostenga un discurso de gestión exitosa.

Su nombre también apareció en episodios que alimentaron cuestionamientos políticos durante su paso por el Ejecutivo. En noviembre de 2022, la Fiscalía de la Nación dispuso incluirlo en una investigación preliminar por presunta obstrucción a la justicia, en el marco de las indagaciones que alcanzaban al entorno presidencial. Ese mismo mes, se reportó la contratación en el Mincetur de Graciela Palomino, esposa de Bruno Pacheco, exsecretario de Palacio investigado por corrupción. El propio Sánchez sostuvo que el ministerio no conocía ese vínculo y que el contrato fue posteriormente anulado.

A ello se sumaron versiones recogidas en reportes periodísticos y en declaraciones de colaboradores eficaces que lo mencionaban en presuntos pagos indebidos dentro del entorno gubernamental, así como denuncias sobre posibles cobros de cupos en el sector. Estos señalamientos, sin embargo, se han mantenido en el ámbito de investigación preliminar o denuncia mediática, sin derivar en sentencias firmes.

Ese es el punto clave: no se trata de un expediente cerrado, sino de un contexto en el que Sánchez no fue un observador, sino un actor dentro del gobierno investigado.

En paralelo, su actuación política ha sido consistente con ese espacio. Durante su gestión congresal, respaldó iniciativas alineadas con la agenda de su agrupación, como la unión civil entre personas del mismo sexo, y en el debate actual ha reiterado su apoyo a una nueva Constitución. Incluso ha defendido públicamente a Pedro Castillo, al señalar que habría sido “secuestrado por la mafia”, reafirmando su cercanía política con ese proceso.

En este contexto, la candidatura de Roberto Sánchez no representa una irrupción ni una renovación. Representa continuidad. Continuidad de alianzas, de posicionamientos y de un paso por el poder que hoy busca ser reconfigurado como experiencia, pero que también carga con decisiones, respaldos y resultados concretos.

Más que un outsider, Sánchez es un político formado dentro del sistema, con dos décadas de trayectoria, presencia en el Congreso, paso por el Ejecutivo y vínculos claros con la izquierda que gobernó el país hasta diciembre de 2022. La pregunta no es de dónde viene. La evidencia muestra que siempre estuvo ahí.

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