Más inscritos, misma recaudación: el error de subir la presión tributaria en un país informal
El número de contribuyentes en el Perú ha crecido de manera significativa. Según una reciente nota de Gestión, los inscritos en el Registro Único de Contribuyentes (RUC) pasaron de 9.5 millones en 2019 a 13 millones en 2026. Sin embargo, este incremento no se ha traducido en una mayor recaudación fiscal.
Frente a este estancamiento, algunas voces plantean como solución “destrabar” la presión tributaria, es decir, incrementarla para recaudar más. Pero este enfoque parte de un error conceptual: asumir que la formalización tiene como objetivo principal aumentar los ingresos del Estado.
En realidad, la formalidad cumple un rol más amplio. No se trata solo de pagar impuestos, sino de integrar a personas y empresas a la economía moderna. Ser formal permite acceder a crédito, participar en cadenas productivas, contratar con grandes empresas y operar de manera sostenible.
El problema es que, para gran parte del país, la formalidad sigue siendo poco atractiva. Cerca del 70% de la economía peruana es informal. Para ese segmento, el Estado no representa una oportunidad, sino un costo: trámites complejos, cargas elevadas y riesgos asociados al cumplimiento. En ese contexto, pensar que más inscritos en el RUC implican automáticamente mayor recaudación resulta insuficiente.
Las cifras evidencian el desequilibrio: apenas el 1% de las empresas concentra cerca del 90% de la recaudación, según datos oficiales. Esto configura una estructura en la que pocos sostienen la mayor parte del financiamiento estatal, mientras la mayoría permanece al margen.
Incrementar la presión tributaria en este escenario no solo resulta cuestionable, sino contraproducente. Mayores costos y complejidad pueden desincentivar el crecimiento de las empresas formales y empujar a otras hacia la informalidad.
Más que una estrategia de desarrollo, el aumento de la presión tributaria refleja las limitaciones de un sistema que no logra ampliar su base. El crecimiento del número de contribuyentes no debería interpretarse como una licencia para exigir más, sino como una oportunidad para distribuir mejor la carga.
El desafío no es aumentar la presión, sino ampliar la base tributaria de manera real: reducir barreras de entrada, simplificar regímenes y evitar que el sistema penalice el crecimiento o incentive la fragmentación.
Hoy, el entramado tributario funciona como un laberinto que desalienta la formalización. En la práctica, la carga fiscal termina operando como un castigo al éxito.
Si el objetivo es recaudar más de manera sostenible, el camino es claro: menos presión, reglas simples y costos accesibles para atraer a millones de peruanos a la formalidad y construir una base tributaria más amplia y equilibrada.