Del ducto único a las clases virtuales: la historia de la crisis del gas en Perú
Cuando el gobierno anunció clases virtuales y teletrabajo para enfrentar la crisis energética, la medida fue presentada como una forma de reducir el impacto de la emergencia. Pero para entender por qué esa decisión genera cuestionamientos es necesario retroceder más de dos décadas y observar cómo se construyó la dependencia energética del país.
El origen de la dependencia energética
El 20 de octubre del 2000, el Estado peruano adjudicó la concesión del transporte de gas de Camisea al consorcio que hoy opera Transportadora de Gas del Perú (TGP).
El contrato se estructuró bajo el modelo BOOT (Build, Own, Operate and Transfer) —construir, poseer, operar y transferir— por aproximadamente 33 años, con una inversión inicial cercana a US$1.300 millones.
El sistema incluyó dos ductos principales:
- un gasoducto de gas natural de unos 730 kilómetros, desde Camisea hasta Lima
- un ducto de líquidos de gas natural de unos 560 kilómetros, hasta la planta de fraccionamiento de Pisco
Aunque son dos tuberías, ambas forman un único sistema troncal de transporte, del que depende gran parte del gas que consume el país.
Camisea y el corazón energético del país
En 2004 comenzó la operación comercial del gas de Camisea, con producción a cargo del consorcio liderado por Pluspetrol, operador del proyecto en los lotes 88 y posteriormente 56.
Con el tiempo, el gas de Camisea se convirtió en uno de los pilares de la matriz energética peruana.
Según TGP:
- entre el 40% y el 50% de la electricidad del Perú depende del gas de Camisea
- alrededor del 88% del GLP del país proviene de los líquidos transportados por este sistema
- más de 2 millones de hogares utilizan gas natural por red
- más de 500 mil vehículos operan con GNV
Electricidad, gas doméstico, GLP y transporte dependen así del mismo sistema de transporte de gas.
Dependencia sin alternativa
Durante los años siguientes el sistema se amplió con plantas compresoras y tramos paralelos de tubería (loops) para aumentar su capacidad. Pero nunca se construyó un segundo gasoducto independiente que pudiera reemplazar al principal si fallaba.
El proyecto que debía diversificar la infraestructura —el Gasoducto Sur Peruano— colapsó tras el escándalo de corrupción vinculado al caso Odebrecht en 2014.
El resultado fue una matriz energética cada vez más dependiente del gas de Camisea.
Reservas en declive
El Libro de Recursos de Hidrocarburos del Perú del Ministerio de Energía y Minas reportó que las reservas probadas de gas natural cayeron aproximadamente 9,5% en 2024.
Con el consumo actual, las reservas alcanzarían para alrededor de 13 años si no se descubren nuevos yacimientos.
Aunque esto no explica la crisis actual, sí revela un problema estructural: el país ha consumido gas sin impulsar suficiente inversión en exploración para reponer reservas.
Petroperú llega debilitada
El rol de Petroperú también entró en el debate energético. La empresa estatal no produce el gas de Camisea ni opera el ducto, pero sí participa en el mercado de combustibles líquidos. En una crisis energética, una empresa sólida podría ayudar a amortiguar el impacto mediante mayores reservas de combustibles sustitutos.
Sin embargo, Petroperú llega a esta coyuntura sin recursos suficientes para cumplir ese rol.
En junio de 2025 tenía apenas US$12,5 millones en caja, frente a más de US$130 millones pocos meses antes. En los últimos años ha recibido rescates estatales que superan US$4.000 millones, mientras que las pérdidas acumuladas superan los US$1.000 millones.
El detonante de la crisis
La crisis se desató el 1 de marzo de 2026, cuando una deflagración en una estación de válvulas del sistema de TGP en Megantoni (Cusco) obligó a paralizar el transporte de gas natural.
La interrupción afectó simultáneamente:
- el suministro de gas para generación eléctrica
- el transporte de líquidos hacia la planta de fraccionamiento de Pisco
- la producción de GLP
- el abastecimiento de GNV
La vulnerabilidad estructural del sistema quedó expuesta en cuestión de horas.
Cuando falta gas, entra el petróleo
Cuando el gas natural se interrumpe, el sistema energético no se detiene: cambia de combustible.
En el Perú, el sustituto inmediato es el petróleo y sus derivados, principalmente diésel y gasolinas. Las centrales eléctricas pueden operar con diésel en modo de respaldo y los vehículos que usan GNV migran a combustibles líquidos.
El resultado es un traslado del consumo energético hacia combustibles más caros, lo que eleva los costos de generación eléctrica, presiona el transporte y encarece la producción.
La respuesta del gobierno
Frente a la emergencia, el gobierno anunció teletrabajo y clases virtuales en Lima y Callao.
La decisión impacta a millones de hogares. En Lima, el sistema educativo alberga 2,43 millones de estudiantes, de los cuales 2,03 millones pertenecen a educación básica regular y más de 1,1 millones estudian en colegios públicos urbanos.
Sin embargo, el impacto de esta medida sobre la crisis energética es limitado.
Cerrar colegios:
- no repara el sistema de transporte de gas
- no sustituye el gas perdido
- no reduce el uso de diésel en generación eléctrica
- no compensa la caída de líquidos de gas natural
Además, no existe evidencia pública de que la suspensión de clases presenciales reduzca de manera significativa el consumo nacional de gas natural. El gas de Camisea se utiliza principalmente en generación eléctrica, industria, producción de GLP y transporte, mientras que los colegios consumen principalmente electricidad.
En ese contexto, la virtualidad escolar aparece al final de la cadena del problema, no en su origen. Asimismo, durante años especialistas advirtieron que la seguridad energética del país dependía demasiado de un único sistema de transporte. La ruptura del ducto no creó esa vulnerabilidad. Solo la hizo visible.
La paradoja es evidente: la política terminó enfocándose en ajustar el comportamiento de los ciudadanos, no en resolver el cuello de botella energético que originó la crisis.