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El truco de la “baja recaudación”, por José Ignacio Beteta

"El problema no es solo técnico o tributario. Es un problema de contrato social".
Redacción Vigilante Publicado 9:47 am, 6 enero, 2026

En el Perú se dice que tenemos baja recaudación o “una presión fiscal por debajo del promedio regional”. La frase suena técnica. Pero es maliciosa y engañosamente incompleta.

Para demostrar que hay una baja recaudación los especialistas usan un indicador que en Perú no sirve: La presión fiscal —recaudación de impuestos como porcentaje del PBI— pero este dato no dice quién paga, solo cuánto entra. Y ese es el primer truco. Evaluar la situación no pensando en quien paga la cuenta sino en cuánto dinero entra al estado.

Cuando separamos la presión fiscal total de la presión fiscal que recae sobre los formales, la historia cambia.

Mientras la presión fiscal total es aproximadamente de 15%, la presión fiscal sobre el formal supera el 40%. En simple, el estado no puede recaudar más de 1.5 soles de 10 en general, pero le saca 4 soles de 10 a la producción de los formales.

En Perú, menos del 30% de la economía es formal, y sobre ese grupo reducido recae casi toda la recaudación. Es decir: no tenemos pocos impuestos, tenemos pocos contribuyentes maltratados con una presión fiscal alta.

¿Cómo puede haber analistas, centros de investigación hablando de lo anterior sin distinguir presión fiscal total de presión fiscal sobre formales?

Pero aparece un segundo problema, más grave. Hay una regla elemental —económica, psicológica y moral— que se ignora: nadie le da más dinero a una entidad que lo gestiona mal.

Nadie deposita más plata en un banco que pierde. Nadie le da más ingredientes a un cocinero que no cocina. Nadie le da más gasolina a un chofer que no conduce.

Y ningún ciudadano está dispuesto, voluntariamente, a entregar más recursos a un Estado que desperdicia, captura o politiza lo que recauda. Pero existen analistas que satanizan al que no paga como si fuera un bandido.

Pedir más impuestos sin demostrar eficiencia, sin resultados visibles, sin sancionar el despilfarro, sin cerrar la puerta a la corrupción, es ABUSO.

Primero cocina, luego te doy ingredientes.
Primero produce, luego te pago.
Primero conduce, luego te pago la gasolina. Primero -Estado- haces más fácil la vida de la empresa, bajas impuestos, eliminas burocracia y barreras, me das servicios de calidad, después recaudas más.

Conclusiones: el problema no es solo técnico o tributario. Es un problema de contrato social.

El contribuyente formal peruano siente —con razón— que paga como país serio, recibe servicios de país precario, y además es tratado como sospechoso permanente.

Y luego se preguntan por qué la informalidad no retrocede. La discusión no debería ser: “¿Cómo subimos la presión fiscal?” Sino: “¿Por qué alguien confiaría en darle más recursos a este Estado?”

Necesitamos candidatos valientes que planteen esto claramente: hasta que el Perú no demuestre que puede gastar bien, que puede castigar la corrupción y dar mejores servicios, primero: menos barreras, menos planillas estatales, menos impuestos, menos gasto corriente. Esta es la fórmula.

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